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lunes, 5 de mayo de 2014
Marhuenda se despide
lunes, 13 de mayo de 2013
Altaïr desaparece
Soy suscriptor de la revista Altaïr desde que en un lejano marzo de 1999 una fascinante portada me impelía a viajar -aunque fuese con la imaginación- al Perú. Desde entonces, han aparecido 82 números monográficos con los más diversos destinos del mundo. Sus contenidos desbordaban la mera adición de recomendaciones trilladas, para acabar convirtiéndose en auténticas referencias etnográficas, culturales, geográficas, imprescindibles para el buen viajero.
Todavía me encontraba diseccionando su número de marzo, dedicado a Londres, cuando recibo un correo electrónico de su redacción anunciando el cierre de la revista. Su lectura me ha impactado. Otro proyecto cultural, con mayúsculas, sacrificado en el altar de las tres crisis: la crisis-estafa, que nos sacude a todos en forma de paro y bajos salarios; la crisis de la cultura en España, en el centro de mira de un Gobierno revanchista; y la crisis de las publicaciones en papel, debido al auge de Internet.
Hace poco otro bloguero aragonés, ex compañero del Parlamento autonómico y hoy flamante Diputado de La Izquierda de Aragón en el Congreso, Chesús Yuste, escribía un interesante artículo en el monográfico sobre Irlanda de junio de 2012. Ahora ya sabemos que el número que se pondrá a la venta el 23 de mayo, sobre los Parques Nacionales de los Estados Unidos de Norteamérica, será el último.
Tenemos el consuelo de que la web altair.es, su editorial, sus librerías y la agencia de viajes Orixà nos seguirán acompañando, pero echaremos de menos ese envío bimestral que nos abría las puertas del mundo entero. ¡Salud y suerte a los compañeros y compañeras de Altaïr! Os acompaño su último comunicado.
Todavía me encontraba diseccionando su número de marzo, dedicado a Londres, cuando recibo un correo electrónico de su redacción anunciando el cierre de la revista. Su lectura me ha impactado. Otro proyecto cultural, con mayúsculas, sacrificado en el altar de las tres crisis: la crisis-estafa, que nos sacude a todos en forma de paro y bajos salarios; la crisis de la cultura en España, en el centro de mira de un Gobierno revanchista; y la crisis de las publicaciones en papel, debido al auge de Internet.
Hace poco otro bloguero aragonés, ex compañero del Parlamento autonómico y hoy flamante Diputado de La Izquierda de Aragón en el Congreso, Chesús Yuste, escribía un interesante artículo en el monográfico sobre Irlanda de junio de 2012. Ahora ya sabemos que el número que se pondrá a la venta el 23 de mayo, sobre los Parques Nacionales de los Estados Unidos de Norteamérica, será el último.
Tenemos el consuelo de que la web altair.es, su editorial, sus librerías y la agencia de viajes Orixà nos seguirán acompañando, pero echaremos de menos ese envío bimestral que nos abría las puertas del mundo entero. ¡Salud y suerte a los compañeros y compañeras de Altaïr! Os acompaño su último comunicado.
No decimos adiós, pero sí hasta pronto
Avanzamos
el
editorial que hemos preparado para el próximo número de
la
revista Altaïr, que estará a la venta el 23 de mayo.
Algunas veces hay que dar un paso hacia atrás para encadenar tres adelante. Abrimos un paréntesis. Durante catorce años, desde la primavera de 1999, hemos compartido esta aventura editorial con vosotros, los lectores. Ha sido un proyecto contracorriente: una revista que entiende el viaje como la manera más hermosa de acceder a la complejidad del mundo, basada en la curiosidad y el respeto a todas las culturas. Nunca renunciaremos a esos principios, porque creemos en ellos. Son los que nos justifican, dan sentido a Altaïr.
Duele aceptar que la crisis económica —que nos lastima a todos— logró doblegar nuestra capacidad de resistencia. Nos hemos conmovido cada vez que un suscriptor se dio de baja, no por insatisfacción con la revista, sino debido a la pérdida de su empleo o a la disminución de su salario. Implicados en esa debacle, hemos arrimado el hombro para facilitar vuestra continuidad como lectores: no actualizamos el precio de venta al público de Altaïr desde su nº 32, en noviembre de 2004, hace más de ocho años. Sabemos que no os podemos pedir más, pero... tampoco somos capaces de aguantar solos una bajada de ingresos que supera nuestro límite. Eso no quiere decir que Altaïr desaparezca. Solo abrimos un período de reflexión, en busca de otro enfoque que nos permita seguir adelante. Quizá con otra periodicidad, tal vez en formato digital, aún no lo sabemos. Pero sí tenemos claro qué queremos transmitir. También, que nos debemos a las personas con quienes compartimos una sensibilidad: vosotros, lectores. Por eso, aunque ahora nos alejemos de los quioscos o los buzones, deseamos seguir vertebrando la Comunidad de viajeros forjada estos años.
Hubiéramos preferido saludaros con otro editorial, uno que glosara los atractivos de los Parques Nacionales de Estados Unidos. La excepcionalidad de la situación lo impide. Como consuelo, nos quedan la ilusión de que el número satisfaga vuestras expectativas y la certeza de que esto no es un “¡hasta siempre!”, sino un comprometido “¡hasta pronto!”.
En el próximo número se incorporará toda la información referente a la resolución de las suscripciones y las posibilidades al respecto.
El equipo ALTAÏR.
Algunas veces hay que dar un paso hacia atrás para encadenar tres adelante. Abrimos un paréntesis. Durante catorce años, desde la primavera de 1999, hemos compartido esta aventura editorial con vosotros, los lectores. Ha sido un proyecto contracorriente: una revista que entiende el viaje como la manera más hermosa de acceder a la complejidad del mundo, basada en la curiosidad y el respeto a todas las culturas. Nunca renunciaremos a esos principios, porque creemos en ellos. Son los que nos justifican, dan sentido a Altaïr.
Duele aceptar que la crisis económica —que nos lastima a todos— logró doblegar nuestra capacidad de resistencia. Nos hemos conmovido cada vez que un suscriptor se dio de baja, no por insatisfacción con la revista, sino debido a la pérdida de su empleo o a la disminución de su salario. Implicados en esa debacle, hemos arrimado el hombro para facilitar vuestra continuidad como lectores: no actualizamos el precio de venta al público de Altaïr desde su nº 32, en noviembre de 2004, hace más de ocho años. Sabemos que no os podemos pedir más, pero... tampoco somos capaces de aguantar solos una bajada de ingresos que supera nuestro límite. Eso no quiere decir que Altaïr desaparezca. Solo abrimos un período de reflexión, en busca de otro enfoque que nos permita seguir adelante. Quizá con otra periodicidad, tal vez en formato digital, aún no lo sabemos. Pero sí tenemos claro qué queremos transmitir. También, que nos debemos a las personas con quienes compartimos una sensibilidad: vosotros, lectores. Por eso, aunque ahora nos alejemos de los quioscos o los buzones, deseamos seguir vertebrando la Comunidad de viajeros forjada estos años.
Hubiéramos preferido saludaros con otro editorial, uno que glosara los atractivos de los Parques Nacionales de Estados Unidos. La excepcionalidad de la situación lo impide. Como consuelo, nos quedan la ilusión de que el número satisfaga vuestras expectativas y la certeza de que esto no es un “¡hasta siempre!”, sino un comprometido “¡hasta pronto!”.
En el próximo número se incorporará toda la información referente a la resolución de las suscripciones y las posibilidades al respecto.
El equipo ALTAÏR.
viernes, 10 de agosto de 2012
Lawrence & Co
Nada mejor que un buen libro para poder soportar los tórridos sofocos del estío agosteño. Afortunadamente la novela Estrella del alba, reciente novedad editorial aparecida bajo la firma de Wu Ming 4, ha servido para trasladarnos a lejanos escenarios (Oriente Medio, Oxford) sin tener que padecer sacrificio alguno. El mundo entero desde nuestro sillón.
Wu Ming es el seudónimo de un grupo de escritores italianos que trabajan de forma colectiva desde comienzos de este siglo. Surgieron a partir de una matriz de propósito más amplio y universal conocida como Luther Blisset Project, cuya obra más conocida fue la novela Q, acerca de la guerra de los campesinos alemanes de comienzos del siglo XVI. "Wu ming" significa en chino "anónimo", lo que dice mucho respecto de las intenciones que animan al colectivo literario que analizamos. No obstante, y aunque pueda parecer contradictorio, los componentes de Wu Ming en ocasiones realizan trabajos individuales, como es este el caso, y entonces suman un ordinal al nombre común, significando que la responsabilidad sobre este trabajo corresponde a una sola persona.
Estrella del alba nos plantea un atractivo escenario literario: las relaciones de cuatro excelentes escritores británicos (T.E. Lawrence, R. Graves, J.R.R. Tolkien y C.S. Lewis) anudadas en su retorno a Oxford tras su peripecia por los campos de batalla de la Gran Guerra. En la narración se suman elementos de verosimilitud (Graves fue amigo de Lawrence y escribió su biografía Lawrence y los árabes), junto con meras hipótesis de ficción literaria (los encuentros de Tolkien y Lewis con Lawrence).
La figura central de la obra es el conocido como Lawrence de Arabia, poliédrico personaje, militar del Imperio Británico hasta su muerte, pero consagrado a la tarea de crear un Estado propio para los árabes, dividos y sometidos hasta esa fecha por el Imperio Otomano. Su participación en una guerra de liberación nacional en un contexto de Guerra Mundial no está exenta de contradicciones, y la tarea inacabada, incluso la posibilidad de que su comportamiento se considere una traición a las promesas realizadas a los príncipes hachemitas, pesará como una losa sobre su estado de ánimo. La tortura y violación a manos turcas, así como la clandestina homosexualidad, lastrarán también su salud física y mental, acelerando su declive. Pero, entre tanto, Lawrence alumbrará una las obras cimeras en lengua inglesa de la primera mitad del siglo XX, su relato de la participación en la Rebelión Árabe titulada Los siete pilares de la sabiduría.
Fascinados o críticos frente al personaje principal, girará el resto del formidable elenco literario. Todos ellos arrastran también las heridas (físicas y morales) derivadas de su participación en la guerra: han visto caer a demasiados amigos y hermanos en las trincheras belgas y francesas como para salir indemnes. El exorcismo común será su dedicación en cuerpo y alma a la actividad literaria, aunque las trayectorias de Graves, por un lado, y Tolkien y Lewis, por otro, sean disímiles.
En todo caso, las obras que producirían en el futuro (Graves y Yo, Claudio; Tolkien y El Señor de los Anillos; o Lewis y Una pena en observación) les harán acreedores de la atención de los lectores de las siguientes décadas y nos inclinarán a escudriñar por una rendija aquel momento de encuentro oxoniense a comienzos de la década de los años veinte de la pasada centuria.
Wu Ming es el seudónimo de un grupo de escritores italianos que trabajan de forma colectiva desde comienzos de este siglo. Surgieron a partir de una matriz de propósito más amplio y universal conocida como Luther Blisset Project, cuya obra más conocida fue la novela Q, acerca de la guerra de los campesinos alemanes de comienzos del siglo XVI. "Wu ming" significa en chino "anónimo", lo que dice mucho respecto de las intenciones que animan al colectivo literario que analizamos. No obstante, y aunque pueda parecer contradictorio, los componentes de Wu Ming en ocasiones realizan trabajos individuales, como es este el caso, y entonces suman un ordinal al nombre común, significando que la responsabilidad sobre este trabajo corresponde a una sola persona.
Estrella del alba nos plantea un atractivo escenario literario: las relaciones de cuatro excelentes escritores británicos (T.E. Lawrence, R. Graves, J.R.R. Tolkien y C.S. Lewis) anudadas en su retorno a Oxford tras su peripecia por los campos de batalla de la Gran Guerra. En la narración se suman elementos de verosimilitud (Graves fue amigo de Lawrence y escribió su biografía Lawrence y los árabes), junto con meras hipótesis de ficción literaria (los encuentros de Tolkien y Lewis con Lawrence).
La figura central de la obra es el conocido como Lawrence de Arabia, poliédrico personaje, militar del Imperio Británico hasta su muerte, pero consagrado a la tarea de crear un Estado propio para los árabes, dividos y sometidos hasta esa fecha por el Imperio Otomano. Su participación en una guerra de liberación nacional en un contexto de Guerra Mundial no está exenta de contradicciones, y la tarea inacabada, incluso la posibilidad de que su comportamiento se considere una traición a las promesas realizadas a los príncipes hachemitas, pesará como una losa sobre su estado de ánimo. La tortura y violación a manos turcas, así como la clandestina homosexualidad, lastrarán también su salud física y mental, acelerando su declive. Pero, entre tanto, Lawrence alumbrará una las obras cimeras en lengua inglesa de la primera mitad del siglo XX, su relato de la participación en la Rebelión Árabe titulada Los siete pilares de la sabiduría.
Fascinados o críticos frente al personaje principal, girará el resto del formidable elenco literario. Todos ellos arrastran también las heridas (físicas y morales) derivadas de su participación en la guerra: han visto caer a demasiados amigos y hermanos en las trincheras belgas y francesas como para salir indemnes. El exorcismo común será su dedicación en cuerpo y alma a la actividad literaria, aunque las trayectorias de Graves, por un lado, y Tolkien y Lewis, por otro, sean disímiles.
En todo caso, las obras que producirían en el futuro (Graves y Yo, Claudio; Tolkien y El Señor de los Anillos; o Lewis y Una pena en observación) les harán acreedores de la atención de los lectores de las siguientes décadas y nos inclinarán a escudriñar por una rendija aquel momento de encuentro oxoniense a comienzos de la década de los años veinte de la pasada centuria.
martes, 29 de mayo de 2012
La novela de Ferrara
Nunca he estado en Ferrara; al menos, físicamente. Pero mi imaginación me ha llevado a recorrer sus calles, visitar sus monumentos y vagar por sus jardines. Ese embrujo inigualable me lo ha producido la obra de -para mí- una de las cimas literarias del siglo XX, Giorgio Bassani. Hoy, vuelvo a recordar a Ferrara, esa Ferrara que no conozco en realidad (¿o tal vez sí?), cuando leo con preocupación las noticias que hablan de continuos terremotos, muerte y destrucción en esa parte de Italia.
Lo señaló de forma magistral Hugo Beccacece: "Pocos escritores han logrado recrear y modelar una ciudad histórica en sus novelas con tal verosimilitud y astucia de estilo que los lectores de esos libros, al pasear por las calles y los parques reales mencionados en aquellas narraciones, lo hagan llevados por el ansia de conocer las esquinas y los senderos donde los personajes de ficción se encuentran eternamente en una página para revelar un secreto, declararse enamorados o tejer una traición".
El propio Bassani reunió en un solo volumen, La novela de Ferrara, lo más granado de su producción de novelas y relatos, entre los que se encuentran Cinco historias de Ferrara (1956), Los anteojos de oro (1958), El jardín de los Finzi-Contini (1962), Detrás de la puerta (1964), La garza (1968) y El olor del heno (1972).
Según Javier Aparicio Maydeu, "centradas en la ciudad de Ferrara, las narraciones que forman el volumen, cuentos, nouvelles y novelas, configuran un universo sentimental de represión, y de felicidad ensombrecida preludiando la tragedia, en torno al mundo cerrado de la burguesía judía y ferraresa antes del advenimiento del fascismo, en el surgimiento de la leyes raciales de Mussolini y durante los primeros años de la Segunda Guerra Mundial, marcados por el antisemitismo nazi, las complicidades de la resistencia, de la que Bassani formó parte, y la deportación inevitable".
Bassani logró sobrevivir a la tragedia que se llevó por delante buena parte del mundo en que había crecido, pero consagró su vida a convertir en literatura, en personajes de ficción, aquellas realidades y personas que ya no podían dar su propio testimonio.
Giorgio Bassani murió en 2000, víctima -en un cruel giro del destino- del Alzheimer. Higinio Polo buscó su tumba y nos dejó este recuerdo: "Del suelo, surge una lápida en bronce, llena de lo que parecen unas teclas musicales, y el cuadrado de metal sobre el que descansa la lápida está lleno de pequeñas piedras, siguiendo la tradición judía. Yo también pongo una, cubierto con la kipa de respeto que me habían hecho poner en la entrada".
Lo señaló de forma magistral Hugo Beccacece: "Pocos escritores han logrado recrear y modelar una ciudad histórica en sus novelas con tal verosimilitud y astucia de estilo que los lectores de esos libros, al pasear por las calles y los parques reales mencionados en aquellas narraciones, lo hagan llevados por el ansia de conocer las esquinas y los senderos donde los personajes de ficción se encuentran eternamente en una página para revelar un secreto, declararse enamorados o tejer una traición".
El propio Bassani reunió en un solo volumen, La novela de Ferrara, lo más granado de su producción de novelas y relatos, entre los que se encuentran Cinco historias de Ferrara (1956), Los anteojos de oro (1958), El jardín de los Finzi-Contini (1962), Detrás de la puerta (1964), La garza (1968) y El olor del heno (1972).
Según Javier Aparicio Maydeu, "centradas en la ciudad de Ferrara, las narraciones que forman el volumen, cuentos, nouvelles y novelas, configuran un universo sentimental de represión, y de felicidad ensombrecida preludiando la tragedia, en torno al mundo cerrado de la burguesía judía y ferraresa antes del advenimiento del fascismo, en el surgimiento de la leyes raciales de Mussolini y durante los primeros años de la Segunda Guerra Mundial, marcados por el antisemitismo nazi, las complicidades de la resistencia, de la que Bassani formó parte, y la deportación inevitable".
Bassani logró sobrevivir a la tragedia que se llevó por delante buena parte del mundo en que había crecido, pero consagró su vida a convertir en literatura, en personajes de ficción, aquellas realidades y personas que ya no podían dar su propio testimonio.
Giorgio Bassani murió en 2000, víctima -en un cruel giro del destino- del Alzheimer. Higinio Polo buscó su tumba y nos dejó este recuerdo: "Del suelo, surge una lápida en bronce, llena de lo que parecen unas teclas musicales, y el cuadrado de metal sobre el que descansa la lápida está lleno de pequeñas piedras, siguiendo la tradición judía. Yo también pongo una, cubierto con la kipa de respeto que me habían hecho poner en la entrada".
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