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martes, 27 de noviembre de 2012

El Viejo Topo número 298

En el número de noviembre de El Viejo Topo se especulaba, cómo no, acerca de las posibles consecuencias de la jornada electoral del 25-N. Acertaba plenamente Antonio Santamaría, en su artículo "La apuesta soberanista de Artur Mas", cuando la calificaba de "aventura secesionista de incierto resultado". ¡Vaya carita que se le ha quedado al aprendiz de brujo!


Especialmente interesante es el artículo de Hilary Wainwright, editora de la revista británica Red Pepper, titulado "Syriza, un faro en una Europa a la deriva". Aquí se subraya cómo la experiencia del movimiento altermundialista y los foros sociales permitió la cristalización de una formación política de nuevo tipo como Syriza. Es muy destacable el que esta fuerza política otorgue "una gran prioridad a apoyar y propagar redes que sistematizan las prácticas de apoyo mutuo informal profundamente arraigadas en la sociedad griega". ¿Nos obligará la actual crisis a actuar de manera similar en nuestro país?

En todo caso, Wainwright concluye su análisis diciendo que deberíamos "aprender de Syriza cómo construir en nuestros propios países nuevos tipos de organización política que sean lo bastante abiertas y flexibles como para que todas aquellas personas que desean una alternativa al capitalismo basada en valores que muchos caracterizamos como socialistas, pero sin un modelo concreto en mente, puedan transformarse en una gran fuerza política y popular". Solo cabe añadir: ¡así sea!

Más dudas plantea la propuesta de Frente Cívico-Somos Mayoría, evocada en una entrevista de Miguel Riera a uno de los responsables del Colectivo Prometeo. El objetivo de esta asociación es "aglutinar alrededor de un proyecto, elaborado por todos, a la inmensa mayoría de ciudadanos (poder soberano) que quieran cambiar la difícil situación que vivimos". Este objetivo, a la par de ambicioso, parece arriesgado al soslayar, voluntariamente, cualquier orientación ideológica del movimiento, por lo que los riesgos de oportunismo o populismo en la definición de sus propuestas estarán siempre latentes.

Por último, se incorporan dos aportaciones sobre dos figuras relevantes recientemente desaparecidas: Santiago Carrillo, al que Higinio Polo acertadamente se refiere como "el hombre de las mil caras", y Eric Hobsbawm, calificado como el mayor historiador marxista del siglo XX.

lunes, 15 de octubre de 2012

El Viejo Topo número 297

Otra vez está aquí el paciente topo que horada la tierra bajo nuestros pies, socavando -sin nosotros apenas sentirlo- el desorden establecido. La revista dirigida por Miguel Riera nos presenta un nuevo y suculento festín preparado al gusto de los paladares más críticos.



El plato principal es el dossier que con toda justicia se dedica al llorado Paco Fernández Buey. Un emotivo in memoriam nos acerca a su figura: "Como todos los grandes, los verdaderamente grandes, Paco vivió con discreción, sin estridencias. Dispuesto a echar una mano, sin que se enterara la otra. Pero, eso sí, con firmes convicciones que jamás lo abandonaron. Si hubiera que sintetizar en una frase su compromiso político y humano, podría ser esta: luchó siempre por los de abajo". Siguen dos emotivas semblanzas, a cargo de Salvador López Arnal y del propio Miguel Riera, y los dos artículos de Fernández Buey que aparecieron en el primer número del El Viejo Topo, en 1976, y en el primer número de la nueva etapa, en 1993, respectivamente.

De plato picante podríamos calificar la aportación de Jorge Verstrynge "Proteccionismo, Estado, Nación, Europa...". Una idea sugerente, recogida del Premio Nobel Maurice Allais, es la consideración de que vivimos una "crisis provocada por el libre-cambio que implica, en nombre de la competitividad, alinear los salarios sobre los salarios de los países que más bajos salarios pagan...". A partir de ahí su apuesta porque sea el proteccionismo europeo el punto sobre el que se pueda desanudar el círculo vicioso al que estamos encadenados. Mucho más polémica es la afirmación de Verstrynge de que ese proteccionismo debería también extenderse respecto a lo que él llega a considerar como "inmigración enloquecida" o a utilizar conceptos como el de "exceso de inmigrantes". Ahí se sitúa en las fronteras de un discurso populista de peligrosos resabios xenófobos.

Y de postre una nueva provocación intelectual de la mano del filósofo esloveno Slavoj Zizek, bajo el título "Dictadura del proletariado en Gotham City". La última entrega de la saga de Batman ofrece -a los ojos de Zizek- una lectura ideológica en relación con la toma del poder por parte de las clases populares. Como poco, un escrito sugestivo y estimulante que nos hará levantar los ojos de las páginas de la revista con una sonrisa pintada en nuestro rostro.


martes, 2 de octubre de 2012

Homenaje a Paco Fernández Buey en Zaragoza

Hoy martes 2 de octubre se va a realizar un merecido homenaje a Francisco Fernández Buey en Zaragoza. El acto tendrá lugar a las 20 horas en la Librería Cálamo (Plaza San Francisco, 4)  y contará con la presencia e intervención de Carmen Magallón (Directora de la Fundación Seminario de Investigación para la Paz), Víctor Viñuales (Director de la Fundación Ecología y Desarrollo) y el escritor Javier Delgado, que hablarán tanto de su vida como de su obra.
Francisco Fernández Buey estudió filosofía y fue discípulo de Manuel Sacristán. Fue uno de los fundadores del Sindicato Democrático de Estudiantes de la Universidad de Barcelona y miembro destacado de la Coordinadora Estatal del movimiento de profesores no numerarios. Contribuyó también a la creación de las Comisiones Obreras de la Enseñanza. Fue militante del PSUC. En la actualidad ejercía como catedrático de filosofía política en la Universidad Pompeu Fabra, donde coordinaba el Centro para el Estudio de los Movimientos Sociales.

Fernández Buey fue un hombre comprometido política y socialmente durante toda su vida, con una enorme preparación intelectual, un excelente profesor dedicado a su profesión, y un gran pensador e investigador, con coherencia e integridad moral. Es un destacado referente intelectual y político, porque sus valores y su capacidad analítica son necesarios en los tiempos sombríos y de pensamiento débil en que vivimos. Fue también un marxista inclasificable, incómodo, heterodoxo, crítico, necesario como sólo pueden serlo quienes quieren ser un “hombre nuevo” en un mundo todavía viejo.

Su legado intelectual nos queda en sus artículos en prensa y en revistas (Materiales, Mientras Tanto), y en sus numerosos e interesantes libros, en los que apelaba a Marx, Lukács, Benjamin, Gramsci, Brecht, para analizar con rigor la realidad en que estamos inmersos para que la razón política no nos haga perdernos a la hora de ser coherentes con nuestra razón moral emancipadora, con la utopía de la liberación. En sus palabras: “El poder deshonra la palabra ‘utopía’ y te da cínicamente palmaditas en el hombro si te declaras utópico y dejas para las calendas griegas la aproximación al otro mundo que propugnas. Una de las cosas más serias que podemos hacer ahora es precisamente impedir que el poder se quede con las grandes palabras de las tradiciones de liberación, y las deshonre. Eso es parte de la lucha social. Y recuperar el buen sentido de la palabra ’utopía’ merece esa lucha…”
http://www.larepublica.es

lunes, 10 de septiembre de 2012

Paco Fernández Buey, in memoriam

Quienes hemos disfrutado de sus escritos y admirado su compromiso, lamentamos la muerte de Francisco Fernández Buey, en exceso temprana y a la que se ha añadido la pena de "agosticidad", lo que ha contribuido a una cierta clandestinidad del acontecimiento fuera del círculo más cercano.


En una entrada reciente de este blog ponderaba su aportación al estudio de Gramsci y en el momento actual tengo entre mis manos su ejemplar Marx (sin ismos), biografía intelectual del gigante de Tréveris. Su continuo activismo político y social, abierto a la reformulación de la utopía sobre los materiales que aportan los nuevos conocimientos, alejado de cualquier rigidez y dogmatismo, quedan para un análisis más detenido. Son muchos y muchas en el PSUC primero y en Izquierda Unida después, y en toda la izquierda anticapitalista en general, quienes estamos en profunda deuda con él.

Acompaño esta breve nota, con las palabras de despedida de su "jefe" académico, Josep Joan Moreso, Rector de la Universidad Pompeu Fabra, aludiendo al "optimismo de la voluntad":

El profesor Francisco Fernández Buey, catedrático de Filosofía Moral y Política en la Universitat Pompeu Fabra, explicaba que ni Neus Porta, su mujer hasta su muerte hace poco más de un año, ni él habían tenido que visitar al médico hasta hace pocos años, cuando detectaron la enfermedad [cáncer] a Neus y, poco después, a él. Vivió esta etapa con la entereza que le caracterizaba para todas las cosas de la vida, haciendo planes, hablando de filosofía y de política con su hijo Eloi y con los amigos. El sábado Francisco Fernández Buey murió en Barcelona.

Su trayectoria durante los últimos 50 años constituye la mejor representación de la evolución de la Universidad española. Nacido en 1943 en Palencia, estudió Filosofía en Barcelona. De estudiante, con profesores como José María Valverde, Emilio Lledó o su querido maestro, Manuel Sacristán, ya tomó conciencia de la tremenda injusticia en que vivía instalada la vida pública en la España de los sesenta y fue uno de los estudiantes más relevantes de la oposición al franquismo. Fue uno de los líderes estudiantiles de la Capuchinada en 1966, cuando un nutrido grupo de universitarios, acompañados de prestigiosos profesores, intelectuales y periodistas, se reunió en el convento de los Capuchinos de Sarrià (Barcelona) para constituir clandestinamente el Sindicato Democrático de Estudiantes. Los que lo recuerdan de entonces ya hablan de su capacidad de razonar y de persuadir: hablaba siempre pausadamente, siempre sensible a las razones, conjurando más el acuerdo que el conflicto.

Por su actividad militante antifranquista fue expulsado de la UB y tuvo que sobrevivir de traducciones, voces para enciclopedias varias y todo tipo de contribuciones intelectuales a la lucha política contra la dictadura. Fue miembro, hasta 1978, del PSUC, donde fue compañero y amigo de tantas personas que después han ocupado lugares relevantes en la sociedad catalana. Está por escribir esta contribución del PSUC durante aquellos años. Después regresó a la Facultad de Económicas de la UB con Manuel Sacristán, pasó un tiempo en la Universidad de Valladolid, obtuvo la cátedra en la Universidad de Barcelona y a comienzos de los noventa fue llamado a la recién creada Universitat Pompeu Fabra por su rector, Enric Argullol, uno de los compañeros del PSUC, delegado de los estudiantes de Derecho en la Capuchinada. Durante casi 20 años estuvo impartiendo clases de Filosofía de la Ciencia, de Filosofía Moral, de Filosofía Política y de tantas cosas en la Facultad de Humanidades. Los estudiantes no le llamaban, como le llamábamos sus colegas, Paco, sino El Buey, una evocación involuntaria a un gran filósofo histórico, aunque lejano a las preocupaciones de Fernández Buey, igualmente convencido de la fuerza de las razones.

Cerca intelectual y personalmente de Manuel Sacristán, su formación fue, a la vez, una sólida formación en la filosofía de la ciencia y en la tradición marxista. Una forma muy sugerente de aunar la razón teórica con la razón práctica en una especie de razón comprometida. Por eso desde sus primeros escritos muestra una gran capacidad de combinar la atención a los pensadores mayores, en especial a los teóricos de la tradición marxista, con predilección hacia Antonio Gramsci, un autor que le acompañó desde el principio hasta el final y con el que todos tendíamos a identificarle, con la atención hacia los cambios que se producen en la sociedad, los movimientos sociales, de hecho dirigía una Cátedra Unesco en la UPF sobre los movimientos sociales. Por esta razón, se comprometió con el pacifismo, con el feminismo o con el ecologismo. Por ello, sus libros van desde Einstein y la epistemología hasta nuestra lucha contra la barbarie y la defensa de las utopías, entre Campanella y Gramsci.

En las relaciones personales, era de una enorme afabilidad, que hacía sentirse bien a los que le rodeaban. Transmitía el afecto de un modo entrañable. Era uno de los profesores más queridos en nuestra Universidad. Sin embargo, su voz crítica nunca dejaba de oírse en todos los foros. Con claridad y rotundidad, de un modo insobornable. De hecho, tenía una alergia natural a los cargos y a las funciones burocráticas. A comienzos de la década pasada fue nombrado, a propuesta del grupo parlamentario de IU, miembro del Consejo de Universidades; pero esas largas y plúmbeas sesiones en Madrid le aburrían y no asistía casi nunca, solo cuando se lo pedíamos para que defendiera alguna causa que consideraba merecedora de ser defendida.

En estos momentos en los que oímos a menudo a tantas personas vilipendiar la Universidad pública, su trayectoria muestra cómo pueden entrelazarse de la manera más conveniente la dedicación a la docencia con la dedicación a la investigación, la capacidad de los universitarios para tener una presencia pública que mejore nuestra sociedad, que alimente nuestra democracia procurando la calidad perdurable de nuestra deliberación. Su confianza en la fuerza de la razón era inagotable, tal vez porque, como su querido Gramsci, sumaba al pesimismo de la inteligencia el optimismo de la voluntad.

J. J. Moreso es catedrático de Filosofía del Derecho y rector de la Universitat Pompeu Fabra.

miércoles, 1 de agosto de 2012

Gramsci y la verdad política

 Pesimismo de la inteligencia, optimismo de la voluntad
Antonio Gramsci

Un espíritu cultivado no dejaría de sorprenderse por el escaso eco suscitado en nuestro país por la reciente conmemoración del centenario del nacimiento del pensador y activista político italiano Antonio Gramsci. Si el sardo fue en los años 70 y 80 de la pasada centuria uno de los más evocados en el lenguaje político de la izquierda, en particular la comunista, hoy parece navegar en el olvido.


Tan solo la incansable y rigurosa labor de intelectuales como Francisco Fernández Buey o Rafael Díaz Salazar, han mantenido viva la llama de su pensamiento hasta nuestros días. Alguien podría plantearse que su eclipsamiento pueda deberse a la pérdida de vigencia de sus ideas, pero más bien debemos contemplarlo como un efecto más de la derrota ideológica, política y cultural, de la izquierda en las últimas décadas de hegemonía del neoliberalismo.

"Hegemonía", concepto básico para acercarnos a la obra compleja y dispersa de Gramsci (tengamos en cuenta que en buena medida fue escrita desde las cárceles del fascismo, en duras condiciones físicas y psicológicas). El que fuera Secretario General del Partido Comunista de Italia tiene siempre presente la cuestión de la revolución en el contexto de los países occidentales y desde la óptica de la derrota, para lo cual no servía la mera copia del original de la Revolución Rusa. A su parecer, la cuestión de teoría política más importante es la de la "guerra de posiciones", verdaderamente crucial porque "cuando se gana la 'guerra de posiciones' se decide definitivamente". Y para ganar la "guerra de posiciones" se precisa "una concentración inaudita de la hegemonía", siendo conscientes de que su triunfo exigirá "enormes sacrificios a importantes masas de la población".

En definitiva, el triunfo de la revolución en un país del capitalismo desarrollado no provendría, en principio, de una única acción de vanguardia (la "guerra de movimiento" solo serviría para conquistar "posiciones no decisivas"), sino que dependería de la articulación de una mayoría social capaz de resistir una guerra de asedio, para lo cual es imprescindible ganar la batalla ideológica y generar una nueva hegemonía.

Alguna lectura de todo ello podríamos extraer para la lucha de nuestros días contra el capitalismo globalizado: si no somos capaces de generar un nuevo "sentido común" favorable a la transformación social, las luchas inconexas no bastarán para dar a luz un mundo nuevo, y en todo ello tiene mucho que ver la lucha cultural cuyo escenario se sitúa hoy en buena medida en el ciberespacio. Internet seguro que entusiamaría a un Gramsci que entendió la importancia de los medios de comunicación de masas (de ahí su colaboración en L'Ordine Nuovo).

Y para los más jóvenes, para los más descreídos respecto de la política, un último mensaje gramsciano: "en la política de masas decir la verdad es una necesidad política". La verdad es revolucionaria.

viernes, 6 de julio de 2012

Julio Anguita o el nuevo Prometeo

Julio Anguita es como el león en invierno: cuando parece que su luz mengua, todavía es capaz de dar un zarpazo decisivo. En estos días su propuesta de constitución de un nuevo Frente Cívico, superador de partidos y sindicatos, ha dado mucho que hablar en reuniones, redes sociales e Internet. Desde luego para mí tengo que el nuevo Prometeo en que se erige Julio ("asumo ser el referente de una operación política que intente cambiar el país") para nada se parece al monstruo nacido de la imaginación de Mary Shelley (en su libro Frankenstein o el moderno Prometeo). Pero la aventura política y personal que plantea sí puede dar lugar a la aparición de otros monstruos no deseados.


La propuesta de Anguita, recogida bajo el manifiesto "Somos mayoría" (http://colectivoprometeo.blogspot.com.es/2012/06/somos-mayoria.html), no es única ni estrictamente novedosa. Destaca sobre las demás por la enorme personalidad política que le da voz, pero debemos contar con otras iniciativas. A comienzos de 2011, las Mesas Ciudadanas de Convergencia ya dieron un aldabonazo para la constitución de un espacio superador del archipiélago de siglas y grupos que están en contra del neoliberalismo. En su gestación y desarrollo han tenido un importante papel personas como Armando Fernández Steinko o Carlos Martínez (http://redconvergenciasocial.org). Algunos desarrollos prácticos de esta idea se plasmaron, por ejemplo, en la constitución de una coalición para las Elecciones Generales denominada La Izquierda de Aragón, constituida por CHA, IU y la Izquierda Social, que obtuvo un Diputado por Zaragoza, Chesús Yuste, que se integra en el Grupo de La Izquierda Plural en el Congreso. El auspiciador de este proceso fue el representante de las Mesas de Convergencia en Aragón, Juan Manuel Aragüés.


No podemos olvidar tampoco la existencia de asociaciones como Socialismo 21, en este caso inequívocamente anticapitalista, pero que busca constituir un lugar de encuentro, un ámbito fraternal, que permita la coincidencia de personas organizadas o no en partidos y sindicatos. Entre sus animadores, además del propio Julio Anguita, se encuentran la plana mayor de los intelectuales vinculados a la revista El Viejo Topo.

Hoy, la propuesta que nos ocupa la lanza Julio Anguita y se sirve para su desarrollo del denominado Colectivo Prometeo de Córdoba (http://colectivoprometeo.blogspot.com.es/). Se insiste hasta la saciedad en el concepto "somos mayoría", parangonable al "los de abajo" del movimiento 15-M, como centro constitutivo de un sujeto político que haga frente a la situación de crisis sistémica actual. En estos planteamientos no se encuentran incluidos conceptos como "izquierda" ni otras expresiones emparentadas con el análisis tradicional de la lucha de clases. Esa mayoría social, pues, es la que debe articularse en el nuevo Frente Cívico, sobre la base de un programa común elaborado colectivamente.

"Programa, programa, programa..." Parecería una versión 2.0 de Izquierda Unida. Pero ha desaparecido toda referencia a la ideología o siquiera a la política desde una visión de la izquierda más o menos clásica. Dado que atravesamos un momento histórico decisivo -se viene a decir-, y constatada la insuficiencia de partidos y sindicatos, se ha de dar un paso -o muchos pasos- más allá, en un proceso constituyente de ese sujeto Frente Cívico. Para ello, desde el Colectivo Prometeo (con el apoyo al parecer reciente de Socialismo 21), se anima la constitución de asambleas del Frente desde el nivel local hasta el estatal, para la elaboración del programa, único sustrato común de la alianza.

Así las cosas, la propuesta tiene la sugerencia de lo arriesgado y decidido, pero también la incertidumbre de hacia dónde puede acabar derivando. Un programa sin sujeción a unos mínimos parámetros ideológicos puede convertirse en un cajón de sastre, en el que se mezclen contenidos populistas y demagógicos, junto con otros socialmente justos. ¿No puede terminar todo en la conformación de un magma antipolítico, en el que se pierda la noción de en qué parte de la lucha de clases nos ubicamos unos y otros? No tengo la respuesta definitiva y solo el tiempo lo dirá.

En todo caso, me parece más prudente la propuesta de las Mesas de Convergencia, que busca priorizar la articulación de los espacios de lucha ya existentes, sin dar ese salto en el vacío que parece suponer la propuesta de Anguita. También será necesario que desde las organizaciones más importantes de la izquierda transformadora existente, como IU, se haga oír su voz en este debate, para avanzar hacia la constitución de un sujeto político potencialmente más transformador, pero sin perder el rumbo de los valores que deben informar una propuesta revolucionaria.

miércoles, 4 de julio de 2012

El Viejo Topo número 294-295

Acaba de salir el número del Viejo Topo de los meses de julio y agosto, y os avanzo que trae contenidos de lo más interesante. Creo que el punto de morbo lo pone la entrevista a Julio Anguita, bajo el provocador título "Asumo ser el referente de una operación política que intente cambiar el país" (podéis descargar gratuitamente un archivo pdf en http://www.elviejotopo.com/web/revistas.php). Volveremos sobre este asunto.


Para mí el contenido de mayor fuste se refiere a nuestro viejo amigo Pedro Montes, quien fuera economista del Servicio de Estudios del Banco de España, que es entrevistado bajo el título "Salir del euro, la mejor opción". Con esto está casi todo dicho. Casi, porque se reproduce en la revista un artículo del mismo Montes -escrito en febrero de 2009- en el que anticipaba muchos de los acontecimientos que luego han sucedido. Y esto no es nada si nos remontamos a sus libros El desorden neoliberal (1996) o La historia inacabada del euro (2001), que hoy parecen sencillamente proféticos. Volveremos también sobre Pedro Montes en una próxima entrada.

Se completa la revista con aportaciones interesantes como los "Tres apuntes para un naufragio", de Higinio Polo; el Dossier Democracia Real Ya; o los estudios de memoria histórica, como el dedicado a Virgilio Leret, primer militar republicano asesinado por los fascistas en el golpe de Estado de 1936. ¡Que disfrutéis de la lectura!

jueves, 31 de mayo de 2012

El Viejo Topo número 293

Acaba de aparecer el número de junio de la revista El Viejo Topo. Como siempre, en su página 3 nos da a conocer algunos datos que, pese a ser escalofriantes, no suelen figurar en la portada de los grandes medios de comunicación. Por ejemplo, que España es el cuarto país en el ránking de desigualdad de Europa, por detrás tan solo de Letonia, Rumanía y Lituania; ahí es nada. O que padecemos un promedio anual de muertes por causa de la pobreza en torno a los 15 millones de habitantes en todo el mundo.


Quiero resaltar entre sus contenidos la emocionante semblanza que sobre Lise London escribe Higinio Polo, titulada "Una roja primavera". Ya nos hicimos eco en otra entrada de este blog de la muerte de Lise en París a los 96 años de edad, tras una larga vida siempre en lucha por sus ideales de emancipación y transformación social. Bien está que ahora se la recuerde también desde estas páginas y, más si cabe, a través de la extraordinaria pluma de Higinio Polo.

No está de más señalar que las revistas culturales (y más todavía las que no se conforman con lo establecido) han sufrido un terrible hachazo económico, en forma de recorte de suscripciones para las bibliotecas, y que habremos de compensar las malas jugadas de los poderosos con nuestra aportación militante. En este caso, os aseguro que vale la pena.

jueves, 17 de mayo de 2012

Por qué Marx tenía razón

¡No leas este libro...!


...si piensas sin ningún margen de error que el marxismo está acabado en las sociedades posindustriales; que su práctica conduce inexorablemente al terror y la tiranía; que es una forma de determinismo; que es un sueño utópico; que el marxismo lo reduce todo a la economía; que Marx era un materialista que despreciaba los aspectos espirituales de la humanidad; que practica una tediosa obsesión por la clase; que los marxistas abogan por la acción política violenta; que el marxismo cree en un Estado todopoderoso; o que los movimientos radicales más interesantes de las últimas décadas han surgido fuera del ámbito del marxismo.

Pero ¿y si todas las objeciones que se plantean más habitualmente a la obra de Marx estuvieran equivocadas? ¿O, cuando menos, aunque no siendo desatinadas del todo, sí lo fueran en su mayor parte?

Esas son las preguntas a las que intenta dar respuesta Terry Eagleton* en este polémico ensayo, casi un panfleto. No es su intención realizar un exhaustivo estado de la cuestión en torno a cada una de las preguntas que se formula, sino ofrecernos argumentos de polemista con los que desterrar las críticas fáciles al marxismo. Es una obra teñida de ese sentido del humor tan británico que en ocasiones nos descoloca a los meridionales, pero que en todo caso nos sirve para la reflexión y como punto de partida para otras lecturas que ensanchen nuestros horizontes intelectuales.

* Terry Eagleton es profesor de Teoría Cultural de la Universidad de Manchester.

viernes, 23 de marzo de 2012

El mito de Cádiz

No deja de ser curioso que en la España actual a los festejos conmemorativos del bicentenario de la Constitución de Cádiz se sumen con entusiasmo nuestros más conspicuos y carpetovetónicos representantes de la caverna conservadora. Los que hoy se autodenominan "liberales" hubiesen aplaudido al Rey felón Fernando VII cuando decidió suprimir de un tajo el texto constitucional de 1812.


Tampoco es menos cierto que la evocación de la Constitución gaditana está llena hoy de ensoñaciones románticas y mitificadoras que quizá convenga matizar. Es verdad que Cádiz supuso una importante ruptura con elementos del Antiguo Régimen y que a partir de entonces puede empezar a hablarse en nuestro país de conceptos como separación de poderes, algunas libertades y el principio de representación.
Pero tampoco podemos omitir que España no vivió un proceso revolucionario popular, no tuvo su Bastilla, ni los reyes fueron decapitados. Antes al contrario, la propia Constitución de 1812 mantiene al Rey como colegislador junto con las Cortes (tiene derecho de veto suspensivo), a él le corresponde la potestad de hacer ejecutar las leyes, nombrando y separando libremente a los Secretarios de Estado y del Despacho.
En Cádiz se mantiene la esclavitud, la mujer continúa siendo invisible desde el punto de vista político y la religión católica no sólo es oficial, sino obligatoria.
Art. 12. La Religión de la Nación española es y será perpetuamente la católica, apostólica, romana, única verdadera. La Nación la protege por leyes sabias y justas, y prohibe el exercicio de qualquiera otra.
 Las unidades básicas electorales son las juntas de parroquia, presididas por el jefe político o alcalde, asistido del cura párroco. Estas juntas son las que deciden sobre quién tiene derecho al sufragio y acaban sus deliberaciones entonando un Te Deum.
En momentos de exaltación como los actuales conviene efectuar un ejercicio de ponderación, resaltar lo que sirvió para hacer avanzar la historia en un sentido de progreso, y despreciar los regustos a un pasado que no termina nunca de extinguirse.