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viernes, 27 de diciembre de 2013
A Christmas Carol
Canción de Navidad, Un cuento de Navidad o Un cántico de Navidad, de todas estas formas podría traducirse la imperecedera obra de Charles Dickens. Debemos agradecer y felicitar a la Cadena SER por haber retomado la tradición del teatro radiofónico, con una fabulosa puesta en escena del cuento dickensiano, en versión de Juan Cavestany, de la mano de grandes figuras como José María Pou, Juan Echanove o Carlos Hipólito. ¡Que lo disfrutéis y feliz 2014!
jueves, 10 de octubre de 2013
El legado de Brecht
Hace escasas fechas el dramaturgo aragonés Juan Antonio Hormigón, Secretario General de la Asociación de Directores de Escena de España (ADE), presentó, en el marco de la Fiesta del
PCE, su libro El legado de Brecht. Se trata de un volumen recopilatorio de diversos artículos y trabajos que a lo largo de treinta años Hormigón ha dedicado a la obra del autor alemán.
Con otras palabras, pero con similar intención se expresa Pablo Bujalance, jefe de cultura del diario Málaga Hoy (intervención recogida de su blog El diario de Próspero):
"Hormigón indaga en la noción transformadora de la Historia que Brecht imprimió al teatro desde una posición evidentemente materialista y traslada esa atalaya a un paisaje anegado por un capitalismo que no ha dudado en adueñarse de Europa del modo más cruel cuando le ha sido necesario: a costa de los propios europeos. Porque aquella primera incógnita se extiende más allá a través de otros interrogantes: ¿Es posible un teatro político ahora que la escisión entre política y persona ha llegado a su absoluto? ¿Qué cabría esperar hoy de un teatro que asumiera al espectador como agente modificador de la realidad y que imprimiera, frente a la apatía generalizada, la conciencia real de una nación?
En los ensayos que componen este volumen, Hormigón se hace cargo de este reto en términos de responsabilidad. Su respuesta no puede ser otra que la afirmación: un teatro político capaz de influir según su primigenio cariz de ciudadanía es posible hoy como lo ha sido siempre. Pero para ello es necesario que el propio teatro y quienes lo hacen vuelvan a descubrir esta capacidad y actúen en consecuencia. La utopía brechtiana confiere a la escena un papel decisivo en la dialéctica materialista, pero su asunción exige hoy una redefinición de la misma. Por eso Hormigón ofrece un diagnóstico a la vez que insiste en la responsabilidad de una dramática comprometida al respecto: más allá de lo que la crisis económica devora y vomita cada día, la contradicción fundamental del capitalismo en el siglo XXI es la que opone al carácter social del trabajo el carácter privado de la apropiación. Si para Brecht un teatro capaz de intervenir debe ir precedido de un teatro pedagógico, que asuma las distancias necesarias para ofrecer al espectador una lectura eficaz y alumbradora de la Historia, toda determinación en la actualidad debería fijar como primer paso el mismo procedimiento: una escena que demuestre la evidencia de esta contradicción contra los intereses al uso que promueven su invisibilidad".
Además de dramaturgo, Brecht fue un excelente poeta y con uno de sus textos más conocidos y celebrados podemos despedir esta entrada.
Como indica la propia ADE en la ficha de publicación, "La situación del mundo actual otorga a la literatura dramática de
Bertolt Brecht un lugar y presencia revitalizados. Sus temáticas
resultan perceptibles, pertinentes, analogizables, y no es difícil
descubrir hoy comportamientos y actitudes que encuentran su equivalencia
en personajes de muchos de sus textos.
Además, la escritura brechtiana apunta a establecer mecanismos para
hallar una salida a la contradicción fundamental del capitalismo que se
ha acentuado en los últimos años: la que opone al carácter social del
trabajo el carácter privado de la apropiación.
'Es un privilegio de las artes el poder participar en la formación de
la conciencia de una nación' escribía en 1955. La afirmación conlleva
ante todo responsabilidades para las artes, y las escénicas en
particular. ¿Qué teatro debemos hacer para construir dicha conciencia?
Juan Antonio Hormigón reúne en este volumen un conjunto de ensayos y
artículos sobre la figura, la obra, el trabajo escénico y el pensamiento
del gran creador alemán. 'Hay un legado de Brecht perceptible y otro
subterráneo', señala. Estas páginas suponen una inteligente y
documentada incitación a su descubrimiento".
"Hormigón indaga en la noción transformadora de la Historia que Brecht imprimió al teatro desde una posición evidentemente materialista y traslada esa atalaya a un paisaje anegado por un capitalismo que no ha dudado en adueñarse de Europa del modo más cruel cuando le ha sido necesario: a costa de los propios europeos. Porque aquella primera incógnita se extiende más allá a través de otros interrogantes: ¿Es posible un teatro político ahora que la escisión entre política y persona ha llegado a su absoluto? ¿Qué cabría esperar hoy de un teatro que asumiera al espectador como agente modificador de la realidad y que imprimiera, frente a la apatía generalizada, la conciencia real de una nación?
En los ensayos que componen este volumen, Hormigón se hace cargo de este reto en términos de responsabilidad. Su respuesta no puede ser otra que la afirmación: un teatro político capaz de influir según su primigenio cariz de ciudadanía es posible hoy como lo ha sido siempre. Pero para ello es necesario que el propio teatro y quienes lo hacen vuelvan a descubrir esta capacidad y actúen en consecuencia. La utopía brechtiana confiere a la escena un papel decisivo en la dialéctica materialista, pero su asunción exige hoy una redefinición de la misma. Por eso Hormigón ofrece un diagnóstico a la vez que insiste en la responsabilidad de una dramática comprometida al respecto: más allá de lo que la crisis económica devora y vomita cada día, la contradicción fundamental del capitalismo en el siglo XXI es la que opone al carácter social del trabajo el carácter privado de la apropiación. Si para Brecht un teatro capaz de intervenir debe ir precedido de un teatro pedagógico, que asuma las distancias necesarias para ofrecer al espectador una lectura eficaz y alumbradora de la Historia, toda determinación en la actualidad debería fijar como primer paso el mismo procedimiento: una escena que demuestre la evidencia de esta contradicción contra los intereses al uso que promueven su invisibilidad".
Además de dramaturgo, Brecht fue un excelente poeta y con uno de sus textos más conocidos y celebrados podemos despedir esta entrada.
A los hombres futuros
1
Verdaderamente, vivo en tiempos sombríos.
Es insensata la palabra ingenua. Una frente lisa
revela insensibilidad. El que ríe
es porque no ha oído aún la noticia terrible,
aún no le ha llegado.
¡Qué tiempos estos en que
hablar sobre árboles es casi un crimen
porque supone callar sobre tantas alevosías!
Ese hombre que va tranquilamente por la calle,
¿lo encontrarán sus amigos cuando lo necesiten?
Es cierto que aún me gano la vida.
Pero, creedme, es pura casualidad. Nada
De lo que hago me da derecho a hartarme.
Por casualidad me he librado (si mi suerte acabara, estaría
perdido.)
Me dicen. "¡Come y bebe! ¡Goza de lo que tienes!"
Pero ¿cómo puedo comer y beber
si al hambriento le quito lo que como
y mi vaso de agua le hace falta al sediento?
Y, sin embargo, como y bebo.
Me gustaría ser sabio también.
Los viejos libros explican la sabiduría:
apartarse de las luchas del mundo y transcurrir
sin inquietudes nuestro breve tiempo.
Librarse de la violencia,
dar bien por mal,
no satisfacer los deseos y hasta
olvidarlos: tal es la sabiduría.
Pero yo no puedo hacer nada de esto:
verdaderamente, vivo en tiempos sombríos.
2
Llegué a las ciudades en tiempos del desorden,
cuando el hambre reinaba.
Me mezclé con los hombres en tiempos de rebeldía
y me rebelé con ellos.
Así pasé el tiempo
que me fue concedido en la tierra.
Mi pan lo comí entre batalla y batalla.
Entre los asesinos dormí.
Hice el amor sin prestarle atención
y contemplé la naturaleza con impaciencia.
Así pasé el tiempo
que me fue concedido en la tierra.
En mis tiempos, las calles desembocaban en pantanos.
La palabra me traicionaba al verdugo.
Poco podía yo. Y los poderosos
se sentían más tranquilos sin mí. Lo sabía.
Así transcurrió el tiempo
Que me fue concedido en la tierra.
Escasas eran las fuerzas. La meta
estaba muy lejos aún.
Ya se podía ver claramente, aunque para mí
fuera casi inalcanzable.
Así pasé el tiempo
que me fue concedido en la tierra.
3
1
Verdaderamente, vivo en tiempos sombríos.
Es insensata la palabra ingenua. Una frente lisa
revela insensibilidad. El que ríe
es porque no ha oído aún la noticia terrible,
aún no le ha llegado.
¡Qué tiempos estos en que
hablar sobre árboles es casi un crimen
porque supone callar sobre tantas alevosías!
Ese hombre que va tranquilamente por la calle,
¿lo encontrarán sus amigos cuando lo necesiten?
Es cierto que aún me gano la vida.
Pero, creedme, es pura casualidad. Nada
De lo que hago me da derecho a hartarme.
Por casualidad me he librado (si mi suerte acabara, estaría
perdido.)
Me dicen. "¡Come y bebe! ¡Goza de lo que tienes!"
Pero ¿cómo puedo comer y beber
si al hambriento le quito lo que como
y mi vaso de agua le hace falta al sediento?
Y, sin embargo, como y bebo.
Me gustaría ser sabio también.
Los viejos libros explican la sabiduría:
apartarse de las luchas del mundo y transcurrir
sin inquietudes nuestro breve tiempo.
Librarse de la violencia,
dar bien por mal,
no satisfacer los deseos y hasta
olvidarlos: tal es la sabiduría.
Pero yo no puedo hacer nada de esto:
verdaderamente, vivo en tiempos sombríos.
2
Llegué a las ciudades en tiempos del desorden,
cuando el hambre reinaba.
Me mezclé con los hombres en tiempos de rebeldía
y me rebelé con ellos.
Así pasé el tiempo
que me fue concedido en la tierra.
Mi pan lo comí entre batalla y batalla.
Entre los asesinos dormí.
Hice el amor sin prestarle atención
y contemplé la naturaleza con impaciencia.
Así pasé el tiempo
que me fue concedido en la tierra.
En mis tiempos, las calles desembocaban en pantanos.
La palabra me traicionaba al verdugo.
Poco podía yo. Y los poderosos
se sentían más tranquilos sin mí. Lo sabía.
Así transcurrió el tiempo
Que me fue concedido en la tierra.
Escasas eran las fuerzas. La meta
estaba muy lejos aún.
Ya se podía ver claramente, aunque para mí
fuera casi inalcanzable.
Así pasé el tiempo
que me fue concedido en la tierra.
3
Vosotros, que surgiréis del marasmo
en el que nosotros nos hemos hundido,
cuando habléis de nuestras debilidades,
pensad también en los tiempos sombríos
de los que os habéis escapado.
Cambiábamos de país como de zapatos
a través de las guerras de clases, y nos desesperábamos
donde sólo había injusticia y nadie se alzaba contra ella.
Y, sin embargo, sabíamos
que también el odio contra la bajeza
desfigura la cara.
También la ira contra la injusticia
pone ronca la voz. Desgraciadamente, nosotros,
que queríamos preparar el camino para la amabilidad
no pudimos ser amables.
Pero vosotros, cuando lleguen los tiempos
en que el hombre sea amigo del hombre,
pensad en nosotros
con indulgencia.
en el que nosotros nos hemos hundido,
cuando habléis de nuestras debilidades,
pensad también en los tiempos sombríos
de los que os habéis escapado.
Cambiábamos de país como de zapatos
a través de las guerras de clases, y nos desesperábamos
donde sólo había injusticia y nadie se alzaba contra ella.
Y, sin embargo, sabíamos
que también el odio contra la bajeza
desfigura la cara.
También la ira contra la injusticia
pone ronca la voz. Desgraciadamente, nosotros,
que queríamos preparar el camino para la amabilidad
no pudimos ser amables.
Pero vosotros, cuando lleguen los tiempos
en que el hombre sea amigo del hombre,
pensad en nosotros
con indulgencia.
viernes, 15 de febrero de 2013
Quizá necesitemos a Brecht
Os acompaño un magnífico texto de nuestro querido Juan Antonio Hormigón, ese aragonés de acero, dramaturgo, director de escena, estudioso, ensayista, docente y, sobre todo, agitador cultural. Su recomendación: volver a Bertolt Brecht en el 115 aniversario de su natalicio. Y yo añado, en la buena compañía de Peter Weiss, Max Frisch o Isabel Alba.
El primer jalón lo sitúo en una nota de Brecht que titula: “Sobre el comienzo de siglos venturosos”. Está escrita entre 1932 y 1936 pero no consta la fecha. Se incluye en la selección de Escritos políticos publicada en Caracas en 1971. Sus opiniones sobre el desarrollo tecnológico, la promesa de venturas sin cuento y la putrefacción de las clases dominantes, unidas por el cemento de su particular ironía, parecen escritas hoy mismo:
Muchos de sus escritos están dedicados a esta cuestión, centrada sobre todo en el nuevo tipo de representación que proponía. Retengo alguna de sus expresiones. En un fragmento titulado “Indicaciones a los actores”, afirma: «Quien no sea capaz de entretener mientras enseña y de enseñar mientras entretiene no debe hacer teatro». Conocimiento y placer son dos cuestiones que plantea constantemente como binomio indisoluble, que debe emanar de la práctica teatral. Pero también asegura que «el arte bueno refina la sensibilidad artística, el mal arte no la deja indemne, sino que la daña. (…) El único argumento a favor del arte es que no resulta nunca inocuo».
Posiblemente sus exigencias respecto al actor emanen de supuestos como señalados. En una “Carta a un actor” escrita en sus años postreros, dice:
Final de un comienzo
Para acometer estas incitaciones necesitamos saber a donde queremos ir, a qué meta intentamos llegar y para ello es preciso tener un horizonte. ¿Lo tenemos? Es algo que me bulle por dentro en estos años de desolación y sonrojo. No es un problema de fe sino de sabiduría, y no de nuestra sabiduría sino la del colectivo histórico en el que nos sentimos integrados. Pero un colectivo histórico no es un grupo de amigos sino una comunidad más amplia, versátil y complementaria que tiene la capacidad de establecer unas pautas que guíen hacia el horizonte, e igualmente proyectos de qué hacer una vez que lo hayamos alcanzado. Percibo que no lo tenemos y nos consumimos en luchas coyunturales que se agotan en sí mismas y no van hacia ninguna parte, no tienen futuro.
El devenir de la historia me ha hecho un tanto escéptico. A veces pienso que excesivamente. Sigo intentando comprender la realidad que me rodea y siento una desazón profunda ante lo que deduzco. No percibo que se haya definido un horizonte hacia el que caminemos colectivamente. El aturdimiento es ostensible. El capitalismo en su fase actual esta acrecentando sus cotas primitivas de barbarie, rapacidad y depredación del planeta, pero ahora posee una maquinaria de aplastamiento de la conciencia crítica por múltiples caminos, que nunca antes tuvo. Puede generar procedimientos de alienación de los individuos nunca conocidos. El propio mecanismo democrático está viciado por leyes electorales injustas y por sistemas de aniquilación del pensamiento y de la capacidad de discernir.
Entonces me acuerdo con ternura de la metáfora del topo que el joven Marx construyó para explicar el devenir histórico. Entonces acudo a los escritos de Brecht, tan agudos, tan transmisores de inteligencia y mordacidad, tan precisos. Y me renace algo de esperanza… Pronto la tierra se me viene encima, como al topo marxiano, y vuelve la sensación de desasosiego y aridez. Pero siempre conservo la esperanza dialéctica más honda de que no siempre será así, que algún día las afirmaciones vanas del presente mediocre se desvelarán como grandes mentiras, que el mundo cambiará realmente desterrando la barbarie e instaurando el Gran Orden del que hablaba Brecht. Sé sin embargo que no lo veré, pero pienso con satisfacción que lo harán otros y quizá nos dediquen algún instante de sus recuerdos.
Juan Antonio Hormigón es Secretario General de la Asociación de Directores de Escena de España.
No son los tiempos que corren similares a los que
vivió Brecht en sus inicios como escritor y director de escena. No son
los años veinte y treinta del pasado siglo, en que las confrontaciones
de clase y el combate con los fascismos emergentes y dominantes
planearon como una pesadilla sin reposo en el acontecer de la humanidad.
Tampoco corresponde al periodo de guerra, la Segunda Mundial, tan agrio, cruento y sumido en la barbarie de todas las guerras. Ni es el posterior al conflicto bélico, en que los pueblos deseaban la paz, la justicia y la equidad, que tampoco llegó. Pero fue un tiempo en el que en Europa, el afán por reconstruir se unió a la esperanza de cambios sustantivos en las relaciones sociales. Otra guerra, ahora “fría” en su denominación político-publicitaria, vino a truncar anhelos, a desdibujar el sentido de combates y combatientes, a alterar el sentido de las palabras, etc.
Nada de esto se parece en puridad a lo que hoy padecemos, sobre todo en países que soñaron con un bienestar “caído del cielo”, basado en efímeros consumismos y vil mercadeo de lo necesario. Cancelado el embeleso de tanto aturdido afán, tanta inconsciencia, tanto frenesí de poseer lo superfluo y lo innecesario, tanta indisimulada presunción de nuevos ricos, el fracaso de un economicismo voraz y abyecto, en que las cosas y los actos se miden tan sólo por la rentabilidad contable que generan, ha derrumbado ante nuestros ojos atónitos toda la parafernalia de falsos relumbres de la ficción construida. Y la ficción ha caído sobre nosotros, las gentes del común que somos la inmensa mayoría.
Es una crisis del sistema que la lleva implícita en sus entrañas, pero que tan sólo padecen las gentes del común. En sus reductos protegidos, en sus cónclaves secretos, en sus reuniones sociales exclusivas que recuerdan las del film de Kozintsev y Trauberg "La nueva Babilonia", los sectores dominantes, los que se consideran a sí mismos los dueños del mundo, siguen con su jarana enloquecida, con su obsesiva ambición de poseer. Exprimieron a las gentes en los años quiméricos de un mundo color de rosa, enrolándolos en operaciones crediticias con intereses que hipotecaban sus vidas; se dedicaron a sus malabarismos financieros y finalmente se desmoronó el tingladillo, pero ellos siguen aumentando sus beneficios en mayor medida y sus víctimas pagan sus estropicios. Ganan siempre, y los gobiernos parecen entregados a la tarea de protegerlos para que nada cambie, como fieles capataces de sus directrices.
El viejo capitalismo que había limitado su saña explotadora con la aceptación de políticas sociales redistribuidoras en la educación, la sanidad, la cultura, el desarrollo científico, el diálogo con los sindicatos para establecer convenios en los diferentes segmentos de la producción, así como medidas de solidaridad con los desfavorecidos, ha tirado la careta y regresado a los orígenes. Se ha rebautizado eufemísticamente como “neo-liberalismo” para desdoro de los liberales de raíz y convicción. Y en aras de sus principios fanáticos y obcecados hasta el límite, intenta imponer una terapia social de choque para destruir los fundamentos del Estado social, los logros conseguidos a lo largo del último siglo, el concepto de lo público en la economía, la educación, la sanidad, la cultura, la ciencia, etc. Su intención es privatizarlo todo y que disfrute de lo necesario aquel que se lo pueda pagar.
En este mundo que ahora padecemos, ¿no tiene la literatura dramática escrita por Brecht lugar y presencia revitalizados? ¿No son sus temáticas perceptibles, pertinentes, analogizables? Pienso, por ejemplo, en "La panadería" (Der Brottladen): Un grupo de parados representan una obra en un patio entre casas. Combaten por conseguir un panecillo, el dueño de la panadería se lo niega, no tienen dinero. Hay incluso una muerte. La obra es áspera, directa, carente de cualquier sentimentalismo gratuito. Intenta mostrar las causas de que eso suceda. Quizá dudemos de que alguien pelee ahora por un pedazo de pan, aunque hay ya muchas personas que viven de la beneficencia, pero sobre todo: ¿qué imágenes y escenas nos ofrecen los desahucios, por ejemplo, lo que sabemos de los parados que tanto se asemejan a las presentadas en este texto?
Es fácil, cada día más, descubrir a nuestro alrededor personajes empingorotados que actúan con la ambivalencia de Puntila, otros que padecen la ceguera de Madre Coraje o que se producen con la duplicidad de Shen-Te/Shui-Ta en Sezuán y sus mismas contradicciones; empresarios -¡perdón!: emprendedores en jerga pijopolítica- que son almas gemelas del Mauler de Santa Juana, y no pocas personas que como Juana Dark subliman sus padecimientos por el bien de los pobres, pero no alcanzan a comprender las causas reales de la pobreza o el desespero de la mayoría, ni aprenden a combatirlas realmente. Vemos todos los días cómo pobres gentes, similares al paquetero Galy Gay, son fanatizadas con denuedo por grupos mediáticos, políticos, religiosos, empresariales, etc., hasta que pierden toda lucidez o capacidad de decidir por sí mismas y se convierten en marionetas del poder para la guerra, para el laboreo, cuando votan, cuando rugen en los estadios, etc.
¿No describe Mahagonny el consumismo delirante de la forma de sociedad engendrada por el capitalismo degradado? ¡Qué decir de los “Tuis”! ¿No siguen mereciendo ese apelativo muchos de los que se denominan intelectuales? ¿No sigue la ciencia corriendo el peligro permanente, como nos plantea Galileo, de ser utilizada por los poderosos para sus fines, enajenándola de su condición de bien común para toda la humanidad? ¿Es la justicia igual para todos o rigen los privilegios de clase respecto a la condición del delincuente, como nos expone "La excepción y la regla"?
Pero las temáticas constituyen tan sólo un aspecto de la cuestión. Las obras de Brecht apuntan a establecer mecanismos para hallar una salida a la contradicción fundamental del capitalismo que se ha acentuado en los últimos años: la que opone al carácter social del trabajo el carácter privado de la apropiación. Los cambios de apariencia que este sistema ha ejemplificado constantemente a lo largo de su historia, nunca han logrado superarla porque es la base de su existencia. Y esa convicción transformadora por un cambio en las relaciones productivas con todo lo que eso conlleva, está presente en toda la producción brechtiana.
Pero ante todo tenemos al Brecht que concibe el teatro del tiempo que vivimos. En concreto de su sentido. En el tomo III de sus Escritos, en el apartado que titula “El lugar del teatro”, asegura: “Es un privilegio de las artes el poder participar en la formación de la conciencia de una nación”. Una propuesta que podríamos colocar el vestíbulo de nuestros coliseos. La afirmación conlleva ante todo responsabilidades para las artes y las escénicas en nuestro caso. ¿Qué teatro debemos hacer para construir dicha conciencia? Ese tipo de representación que se concibe como simple producto y se trata como una mercancía más, no será obviamente el apropiado.
El 16 de enero de 1942, Brecht anotaba en su Diario una reflexión en torno a una de las características de dicha responsabilidad:
Tampoco corresponde al periodo de guerra, la Segunda Mundial, tan agrio, cruento y sumido en la barbarie de todas las guerras. Ni es el posterior al conflicto bélico, en que los pueblos deseaban la paz, la justicia y la equidad, que tampoco llegó. Pero fue un tiempo en el que en Europa, el afán por reconstruir se unió a la esperanza de cambios sustantivos en las relaciones sociales. Otra guerra, ahora “fría” en su denominación político-publicitaria, vino a truncar anhelos, a desdibujar el sentido de combates y combatientes, a alterar el sentido de las palabras, etc.
Nada de esto se parece en puridad a lo que hoy padecemos, sobre todo en países que soñaron con un bienestar “caído del cielo”, basado en efímeros consumismos y vil mercadeo de lo necesario. Cancelado el embeleso de tanto aturdido afán, tanta inconsciencia, tanto frenesí de poseer lo superfluo y lo innecesario, tanta indisimulada presunción de nuevos ricos, el fracaso de un economicismo voraz y abyecto, en que las cosas y los actos se miden tan sólo por la rentabilidad contable que generan, ha derrumbado ante nuestros ojos atónitos toda la parafernalia de falsos relumbres de la ficción construida. Y la ficción ha caído sobre nosotros, las gentes del común que somos la inmensa mayoría.
Es una crisis del sistema que la lleva implícita en sus entrañas, pero que tan sólo padecen las gentes del común. En sus reductos protegidos, en sus cónclaves secretos, en sus reuniones sociales exclusivas que recuerdan las del film de Kozintsev y Trauberg "La nueva Babilonia", los sectores dominantes, los que se consideran a sí mismos los dueños del mundo, siguen con su jarana enloquecida, con su obsesiva ambición de poseer. Exprimieron a las gentes en los años quiméricos de un mundo color de rosa, enrolándolos en operaciones crediticias con intereses que hipotecaban sus vidas; se dedicaron a sus malabarismos financieros y finalmente se desmoronó el tingladillo, pero ellos siguen aumentando sus beneficios en mayor medida y sus víctimas pagan sus estropicios. Ganan siempre, y los gobiernos parecen entregados a la tarea de protegerlos para que nada cambie, como fieles capataces de sus directrices.
El viejo capitalismo que había limitado su saña explotadora con la aceptación de políticas sociales redistribuidoras en la educación, la sanidad, la cultura, el desarrollo científico, el diálogo con los sindicatos para establecer convenios en los diferentes segmentos de la producción, así como medidas de solidaridad con los desfavorecidos, ha tirado la careta y regresado a los orígenes. Se ha rebautizado eufemísticamente como “neo-liberalismo” para desdoro de los liberales de raíz y convicción. Y en aras de sus principios fanáticos y obcecados hasta el límite, intenta imponer una terapia social de choque para destruir los fundamentos del Estado social, los logros conseguidos a lo largo del último siglo, el concepto de lo público en la economía, la educación, la sanidad, la cultura, la ciencia, etc. Su intención es privatizarlo todo y que disfrute de lo necesario aquel que se lo pueda pagar.
En este mundo que ahora padecemos, ¿no tiene la literatura dramática escrita por Brecht lugar y presencia revitalizados? ¿No son sus temáticas perceptibles, pertinentes, analogizables? Pienso, por ejemplo, en "La panadería" (Der Brottladen): Un grupo de parados representan una obra en un patio entre casas. Combaten por conseguir un panecillo, el dueño de la panadería se lo niega, no tienen dinero. Hay incluso una muerte. La obra es áspera, directa, carente de cualquier sentimentalismo gratuito. Intenta mostrar las causas de que eso suceda. Quizá dudemos de que alguien pelee ahora por un pedazo de pan, aunque hay ya muchas personas que viven de la beneficencia, pero sobre todo: ¿qué imágenes y escenas nos ofrecen los desahucios, por ejemplo, lo que sabemos de los parados que tanto se asemejan a las presentadas en este texto?
Es fácil, cada día más, descubrir a nuestro alrededor personajes empingorotados que actúan con la ambivalencia de Puntila, otros que padecen la ceguera de Madre Coraje o que se producen con la duplicidad de Shen-Te/Shui-Ta en Sezuán y sus mismas contradicciones; empresarios -¡perdón!: emprendedores en jerga pijopolítica- que son almas gemelas del Mauler de Santa Juana, y no pocas personas que como Juana Dark subliman sus padecimientos por el bien de los pobres, pero no alcanzan a comprender las causas reales de la pobreza o el desespero de la mayoría, ni aprenden a combatirlas realmente. Vemos todos los días cómo pobres gentes, similares al paquetero Galy Gay, son fanatizadas con denuedo por grupos mediáticos, políticos, religiosos, empresariales, etc., hasta que pierden toda lucidez o capacidad de decidir por sí mismas y se convierten en marionetas del poder para la guerra, para el laboreo, cuando votan, cuando rugen en los estadios, etc.
¿No describe Mahagonny el consumismo delirante de la forma de sociedad engendrada por el capitalismo degradado? ¡Qué decir de los “Tuis”! ¿No siguen mereciendo ese apelativo muchos de los que se denominan intelectuales? ¿No sigue la ciencia corriendo el peligro permanente, como nos plantea Galileo, de ser utilizada por los poderosos para sus fines, enajenándola de su condición de bien común para toda la humanidad? ¿Es la justicia igual para todos o rigen los privilegios de clase respecto a la condición del delincuente, como nos expone "La excepción y la regla"?
Pero las temáticas constituyen tan sólo un aspecto de la cuestión. Las obras de Brecht apuntan a establecer mecanismos para hallar una salida a la contradicción fundamental del capitalismo que se ha acentuado en los últimos años: la que opone al carácter social del trabajo el carácter privado de la apropiación. Los cambios de apariencia que este sistema ha ejemplificado constantemente a lo largo de su historia, nunca han logrado superarla porque es la base de su existencia. Y esa convicción transformadora por un cambio en las relaciones productivas con todo lo que eso conlleva, está presente en toda la producción brechtiana.
Pero ante todo tenemos al Brecht que concibe el teatro del tiempo que vivimos. En concreto de su sentido. En el tomo III de sus Escritos, en el apartado que titula “El lugar del teatro”, asegura: “Es un privilegio de las artes el poder participar en la formación de la conciencia de una nación”. Una propuesta que podríamos colocar el vestíbulo de nuestros coliseos. La afirmación conlleva ante todo responsabilidades para las artes y las escénicas en nuestro caso. ¿Qué teatro debemos hacer para construir dicha conciencia? Ese tipo de representación que se concibe como simple producto y se trata como una mercancía más, no será obviamente el apropiado.
El 16 de enero de 1942, Brecht anotaba en su Diario una reflexión en torno a una de las características de dicha responsabilidad:
«el arte y la moral no están en armonía en nuestra sociedad; cuando la moral de una sociedad se hace asocial, es bueno que el arte desarrolle su propia moral (artesanal) y que en lo demás se vuelva artesanal, una moral social. Una forma de actuación teatral que reproduzca el comportamiento humano de manera tal que la sociedad reaccione en forma productiva exige algo así como una conciencia de la responsabilidad, es decir una cualidad moral. Por supuesto que es necesario convertir los preceptos "debo" en preceptos "quiero". Para el actor eso es una emancipación, significa la conquista del derecho a influir sobre la gestación de una sociedad, el derecho a ser productivo. Objeto moral debe convertirse en sujeto moral. La moral se vuelve producción. El artista no sólo tiene una responsabilidad ante la sociedad sino que induce a la sociedad a hacerse corresponsable. en una palabra: la sociedad pierde su carácter de instancia, el artista debe representarla en plenitud.»Itinerarios
El primer jalón lo sitúo en una nota de Brecht que titula: “Sobre el comienzo de siglos venturosos”. Está escrita entre 1932 y 1936 pero no consta la fecha. Se incluye en la selección de Escritos políticos publicada en Caracas en 1971. Sus opiniones sobre el desarrollo tecnológico, la promesa de venturas sin cuento y la putrefacción de las clases dominantes, unidas por el cemento de su particular ironía, parecen escritas hoy mismo:
«En vista de todas esas máquinas y artificios de la técnica que le permiten alimentarse con facilidad, ¿no debería la humanidad tener la impresión de hallarse en los albores de un día rico y extenso, percibir la rosada aurora y la fresca brisa que señalan el comienzo de siglos venturosos? ¿Por qué todo es tan gris en torno, y por qué sopla ahora ese siniestro viento crepuscular que, al levantarse, según se dice, hace que mueran los moribundos?Segunda mención, escrita a fines de esos mismos años treinta. Pertenece al Me-ti, ese libro parabólico tan sugerente. Brecht aborda un tema que adquiere también ahora enorme contemporaneidad:
Cuando una clase dominante se pudre, predomina el olor a putrefacción».
«Los intereses de los grandes señores exigen que se luche contra otras naciones, nuestros intereses no, y hasta se verían perjudicados por esas luchas.»Tercer jalón, referido a la propia sociedad y a la acción teatral. En la primera noche del Messingkauf, “El Filósofo” plantea una tarea para el teatro de significación notable:
«El nacionalismo de los grandes señores beneficia a los grandes señores. El nacionalismo de los pobres también beneficia a los grandes señores. El nacionalismo no vale más porque lo sienta un pobre; la única diferencia es que, en ese caso, carece totalmente de sentido.»
«La eliminación de los verdugos no tendrá éxito sino cuando los hombres conozcan en número suficiente la causa de sus sufrimientos y de sus peligros, sepan cómo suceden las cosas y qué métodos adoptar para eliminar a los verdugos. En consecuencia, es importante transmitir este saber al número más grande posible de gente. Hoy quiero hablar con vosotros gentes de teatro, de lo que podéis hacer».Hay un aspecto más que nos hace muy próxima la aportación de Brecht: sus propuestas escénicas. Tanto en sus escritos como en su práctica se describe, se expone, se profundiza sobre una nueva forma de hacer teatro. En su opinión, las formas teatrales del pasado están caducas. Proponen una empatía entre el actor y el personaje, e igualmente generan una hipnosis empática entre el espectáculo y el espectador. En su opinión, todo ello conlleva una idea del ser humano que no responde a la realidad actual, en la que se ha dominado en buena medida la naturaleza gracias a notables hallazgos y desarrollos en el campo científico-técnico.
Muchos de sus escritos están dedicados a esta cuestión, centrada sobre todo en el nuevo tipo de representación que proponía. Retengo alguna de sus expresiones. En un fragmento titulado “Indicaciones a los actores”, afirma: «Quien no sea capaz de entretener mientras enseña y de enseñar mientras entretiene no debe hacer teatro». Conocimiento y placer son dos cuestiones que plantea constantemente como binomio indisoluble, que debe emanar de la práctica teatral. Pero también asegura que «el arte bueno refina la sensibilidad artística, el mal arte no la deja indemne, sino que la daña. (…) El único argumento a favor del arte es que no resulta nunca inocuo».
Posiblemente sus exigencias respecto al actor emanen de supuestos como señalados. En una “Carta a un actor” escrita en sus años postreros, dice:
«El actor debe tomar posición, mental y emotivamente, respecto a su personaje y a su escena. Ese cambio de enfoque, que considero necesario, no es una operación fría, mecánica. En el arte no puede haber nada frío ni mecánico y esta nueva actitud es de naturaleza artística. Si el actor (…) no siente un apasionado interés por el progreso humano, el cambio no podrá producirse».Un teatro así concebido tiene para él la más alta consideración dentro de las prácticas artísticas y merece una atención social relevante. Lo dejó enunciado con claridad:
«El arte teatral es la más humana y más general de las artes; es la que se practica con mayor frecuencia, porque no sólo se practica en escena, sino en la vida real. Y el arte teatral de un pueblo o de una época, debe juzgarse como un todo, como un organismo viviente, que no está sano cuando todos sus miembros no están sanos».Creo que estas pocas referencias son suficientemente expresivas de hasta qué punto nos sigue interesando Brecht, quien nos propuso –tal como comentó a una pregunta lanzada por Dürrenmatt- que «el mundo de hoy sólo puede describirse ante el hombre de hoy si se lo describe como un mundo transformable».
Final de un comienzo
Para acometer estas incitaciones necesitamos saber a donde queremos ir, a qué meta intentamos llegar y para ello es preciso tener un horizonte. ¿Lo tenemos? Es algo que me bulle por dentro en estos años de desolación y sonrojo. No es un problema de fe sino de sabiduría, y no de nuestra sabiduría sino la del colectivo histórico en el que nos sentimos integrados. Pero un colectivo histórico no es un grupo de amigos sino una comunidad más amplia, versátil y complementaria que tiene la capacidad de establecer unas pautas que guíen hacia el horizonte, e igualmente proyectos de qué hacer una vez que lo hayamos alcanzado. Percibo que no lo tenemos y nos consumimos en luchas coyunturales que se agotan en sí mismas y no van hacia ninguna parte, no tienen futuro.
El devenir de la historia me ha hecho un tanto escéptico. A veces pienso que excesivamente. Sigo intentando comprender la realidad que me rodea y siento una desazón profunda ante lo que deduzco. No percibo que se haya definido un horizonte hacia el que caminemos colectivamente. El aturdimiento es ostensible. El capitalismo en su fase actual esta acrecentando sus cotas primitivas de barbarie, rapacidad y depredación del planeta, pero ahora posee una maquinaria de aplastamiento de la conciencia crítica por múltiples caminos, que nunca antes tuvo. Puede generar procedimientos de alienación de los individuos nunca conocidos. El propio mecanismo democrático está viciado por leyes electorales injustas y por sistemas de aniquilación del pensamiento y de la capacidad de discernir.
Entonces me acuerdo con ternura de la metáfora del topo que el joven Marx construyó para explicar el devenir histórico. Entonces acudo a los escritos de Brecht, tan agudos, tan transmisores de inteligencia y mordacidad, tan precisos. Y me renace algo de esperanza… Pronto la tierra se me viene encima, como al topo marxiano, y vuelve la sensación de desasosiego y aridez. Pero siempre conservo la esperanza dialéctica más honda de que no siempre será así, que algún día las afirmaciones vanas del presente mediocre se desvelarán como grandes mentiras, que el mundo cambiará realmente desterrando la barbarie e instaurando el Gran Orden del que hablaba Brecht. Sé sin embargo que no lo veré, pero pienso con satisfacción que lo harán otros y quizá nos dediquen algún instante de sus recuerdos.
Juan Antonio Hormigón es Secretario General de la Asociación de Directores de Escena de España.
miércoles, 30 de enero de 2013
La Estación premiada con el "Adolfo Marsillach"
¡Enhorabuena a Cristina Yáñez y su equipo! El Teatro de la Estación acaba de recibir el Premio "Adolfo Marsillach" a
una labor teatral significativa de 2012, otorgado por la Asociación de Directores de Escena de España (ADE), que agrupa a la
mayoría de directores y directoras del teatro español, teatrólogos,
dramaturgos, historiadores y catedráticos de teatro en España.
Este premio reconoce su labor de exhibición, creación y pedagogía, su Programa de Iniciación al Teatro, el desarrollo de festivales y programación estable independiente, y la formación y creación de nuevos públicos a través de la sala y la compañía que lo fundó, Tranvía Teatro.
El Premio ha sido entregado en el transcurso de una ceremonia en el Teatro Pavón de Madrid, sede de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, y coincide con el 25 aniversario de Tranvía Teatro y el 17 de La Estación, consolidada como el teatro independiente en ZGZ y uno de los más reconocidos del panorama independiente en España.
El Premio "Marsillach" fue creado en 1987 por la ADE junto a otros premios para diferentes disciplinas y lo han recibido hasta ahora figuras como Fernando Fernán Goméz, Nuria Espert, Aurora Redondo, Berta Riaza, la Real Escuela de Arte Dramático de Madrid (RESAD), Francisco Nieva, Julia Gutiérrez Caba, la Unión de Actores, el Centro Nacional de Nuevas tendencias Escénicas, el Festival de Teatro Clásico de Almagro y el propio Adolfo Marsillach por su continuada labor teatral.
Los Premios de la ADE tienen un altísimo prestigio profesional e intelectual en España y en Europa y son otorgados por votación secreta de sus miembros.
Este Premio es el cuarto reconocimiento que Teatro de la Estación y su directora, Cristina Yáñez, reciben en 2012 en diferentes ámbitos, tras el Premio Búho de Amigos del Libro, Premio Cultura de Asociación de Autónomos e Hija Predilecta de la Ciudad de Zaragoza 2012.
Este premio reconoce su labor de exhibición, creación y pedagogía, su Programa de Iniciación al Teatro, el desarrollo de festivales y programación estable independiente, y la formación y creación de nuevos públicos a través de la sala y la compañía que lo fundó, Tranvía Teatro.
El Premio ha sido entregado en el transcurso de una ceremonia en el Teatro Pavón de Madrid, sede de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, y coincide con el 25 aniversario de Tranvía Teatro y el 17 de La Estación, consolidada como el teatro independiente en ZGZ y uno de los más reconocidos del panorama independiente en España.
El Premio "Marsillach" fue creado en 1987 por la ADE junto a otros premios para diferentes disciplinas y lo han recibido hasta ahora figuras como Fernando Fernán Goméz, Nuria Espert, Aurora Redondo, Berta Riaza, la Real Escuela de Arte Dramático de Madrid (RESAD), Francisco Nieva, Julia Gutiérrez Caba, la Unión de Actores, el Centro Nacional de Nuevas tendencias Escénicas, el Festival de Teatro Clásico de Almagro y el propio Adolfo Marsillach por su continuada labor teatral.
Los Premios de la ADE tienen un altísimo prestigio profesional e intelectual en España y en Europa y son otorgados por votación secreta de sus miembros.
Este Premio es el cuarto reconocimiento que Teatro de la Estación y su directora, Cristina Yáñez, reciben en 2012 en diferentes ámbitos, tras el Premio Búho de Amigos del Libro, Premio Cultura de Asociación de Autónomos e Hija Predilecta de la Ciudad de Zaragoza 2012.
martes, 20 de noviembre de 2012
¡Vaya semanita teatral!
A Jesús Espada Balfagón, mi suegro,
y a una generación a la que intentaron arrebatar sus sueños
Esta semana Teatro de la Estación y Teatro de las Esquinas nos proponen dos textos actuales, comprometidos y arriesgados, fruto de la cooperación entre varias compañías y que ya han sido representados en otras ciudades españolas.
Mein Kapital (una propuesta de Tranvía Teatro, El Astillero y Teatre Tarantana)
En palabras de su directora, Cristina Yáñez, "la Tierra y el mundo que conocemos van camino de la destrucción. La catástrofe se avecina. Un grupo de intrépidos hombres y mujeres son preparados para realizar un viaje al planeta Marte. La tripulación es sometida a un proceso de selección a través de un sistema de coaching para determinar los sujetos aptos para la supervivencia en un planeta y en una situación probablemente hostil. A través de sus palabras, de sus recuerdos, de su memoria, de sus acciones, deseos, reflexiones e instintos, los tripulantes harán un recorrido sobre las memorias y herencias del ser humano contemporáneo y sobre el destino que ha tenido la humanidad tras la caída de los muros, las bombas, los aviones, las bolsas y las ideologías. Una comedia de ciencia ficción de fantasmas y marcianos con final… ¿feliz?
Hace casi dos años, ocho dramaturgos contemporáneos recibieron el encargo de escribir una escena o pequeña pieza sobre El Capital. El encargo provenía de las compañías Teatre Tantarantana, Teatro del Astillero y Tranvía Teatro. Pronto surgieron las diferentes temáticas: el declive de Occidente, el ocaso de las ideologías, la crisis del capital, el fin del estado de bienestar, el trabajo y la productividad, el mercado… pero no solamente eso. No queríamos hacer sólo una obra sobre la crisis.
MEIN KAPITAL es una comedia que habla sobre las relaciones de poder y explotación en las relaciones humanas en los diferentes mercados del planeta, así como de las escalas de valores que jerarquizan los medios de producción. Habla de la crisis de las ideologías, de la liquidez acuosa de las relaciones humanas, de la deshumanización progresiva que conduce a la violencia o a la indiferencia, del estado de shock; habla del trabajo, del dinero, de la familia, de los padres y de los hijos; habla de la televisión, de los medios de comunicación… Y habla, en definitiva, de la supervivencia del ser humano en medio de esta situación.
Esta obra colectiva contiene ocho piezas de diferentes géneros: drama, comedia, entrevista, misterio, tragedia y auto de fe, convenientemente modernizados y trasplantados al siglo XXI, un siglo que vive con un pie en la memoria y otro pie en un viaje espacial a Marte".
En escena en el Teatro de la Estación del 23 al 25 de noviembre de 2012.
Transición (de la mano de L'Om-Imprebís, Teatro Meridional y Teatro del Temple)
Un paciente llamado Adolfo es ingresado en una clínica. Convencido de que pudo ser el presidente del Gobierno, recreará los principales episodios históricos de la Transición y su repercusión en nuestra realidad actual.
Humor, sátira y reflexión se alternan en este espectáculo en el que la Historia se encuentra con la humanidad. Reconstruyendo un lugar, un espacio y un tiempo desde el que entender lo que somos a partir de lo que fuimos.
Los autores Julio Salvatierra y Alfonso Plou y los directores Santiago Sánchez y Carlos Martín levantan una ficción en la que pasado, presente y futuro se solapan.
Una sociedad para existir debe contarse a sí misma, y la Transición es un período trascendental de nuestra historia cuya revisión, desde la ficción escénica, puede ayudarnos a comprenderla y a comprendernos mejor...
En escena en el Teatro de las Esquinas desde el 21 al 25 de noviembre de 2012.
jueves, 8 de noviembre de 2012
22-N: muévete por la educación artística
ANTE EL MENOSPRECIO DEL
ANTEPROYECTO DE LOMCE HACIA LA EDUCACIÓN ARTÍSTICA, la Asociación de
Profesores
de Música de Aragón - APMA -, y el Colectivo de Profesores de Educación
Plástica y Visual de Aragón,
CONVOCAN EL 22 DE NOVIEMBRE
UNA
JORNADA DE
REIVINDICACIÓN
EN DEFENSA DE LA EDUCACIÓN ARTÍSTICA EN LA ENSEÑANZA GENERAL
POR EL DERECHO DE TODOS A UNA EDUCACIÓN
ARTÍSTICA INTEGRADA EN UN
SISTEMA EDUCATIVO EQUITATIVO, DE CALIDAD, QUE DESARROLLE EL TALENTO DE
LOS
ALUMNOS Y QUE OFREZCA OPCIONES DE FUTURO SIN RESTRICCIÓN DE DERECHOS
1. Por la desafortunada e indigna catalogación
de la materias de Música y
Plástica como "no prioritarias", "que distraen",
2. Por la pérdida de materias y
cursos que Música y Plástica sufren en la ESO.
3. Por la supresión del
Bachillerato de Artes Escénicas, Música y Danza.
POR TODO ESTO
PEDIMOS
Que el Gobierno retire la actual
propuesta de LOMCE y propicie un análisis profundo de las problemáticas
actuales y un proceso de diálogo con los profesionales educativos para
acometer
las reformas necesarias desde una posición seria, científica y
democrática.
ACUDE A LA MANIFESTACIÓN DE
ZARAGOZA:
SALIDA 18.00 horas:
Plaza de la Magdalena.
LLEGADA 19.00 horas: Plaza del
Pilar, frente al Ayuntamiento, donde tendrá lugar una performance
festiva.LUNES 12 de noviembre a las 18.30 horas ASAMBLEA INFORMATIVA de profesores de Música y Plástica en el IES Pedro de Luna de Zaragoza.
viernes, 26 de octubre de 2012
A Brumario desde Fructidor
Hace unos meses era noticia que el conocido restaurador zaragozano, Emilio Lacambra, había dispuesto un servicio gratuito de comidas en su establecimiento para personas necesitadas. La verdad es que para quienes conocíamos a Emilio este hecho no nos sorprendía nada; no era sino continuidad con lo que había sido su trayectoria desde la edad más temprana. Por eso Emilio fue justamente reconocido como Hijo Predilecto de Zaragoza en 2011.
Su figura posee numerosos prismas desde los que ser observada, y todos ellos de interés. Ese Emilio que, con la ayuda del párroco de El Portillo, Manuel Liarte, brinda su "Casa" a quienes más la necesitan, es el mismo Emilio que protagoniza momentos memorables de la vida cultural y teatral de una ciudad provinciana bajo el franquismo. O el que cobija a luchadores antifranquistas, el que ayuda a organizar al Partido Comunista, el que es detenido por sus actividades clandestinas, el que apoya aventuras periodísticas como El Día o experiencias culturales como el Teatro de la Estación...
Tenemos la inmensa fortuna de que la memoria de ese tiempo y de esas personas no se marchitará. El excelente escritor Jorge Cortés Pellicer trató con una textura literaria sus recuerdos y vivencias, regalándonos su inclasificable e imprescindible libro El Brumario de Emilio (Mira Editores, 2009).
Tenemos la fortuna de poder seguir acudiendo a "Casa Emilio", aunque él ya esté jubilado, para disfrutar de mesa y mantel; de continuar escuchando de su viva voz los testimonios de varias décadas de la historia de nuestra ciudad, de Aragón y de España; de reconstruir las luchas -muchas veces anónimas- de quienes plantaron cara a la dictadura; de rememorar las alegrías -pocas- y las decepciones -las más- de la izquierda transformadora (el PCE, IU),... O simplemente dejarnos llevar por la lectura de las páginas de ese otoñal Brumario que hoy quiero evocar desde un ya agostado Fructidor:
Ojos vivos de observación tan calma como penetrante, cabeza de poderío, mentón de terco, fortaleza en el rostro: tras sus gafas de montura ligera repasa albaranes, dando la espalda al armario, una alacena donde se acumulan licores, cuadernos desgastados, horas de reservas, menús...
Su figura posee numerosos prismas desde los que ser observada, y todos ellos de interés. Ese Emilio que, con la ayuda del párroco de El Portillo, Manuel Liarte, brinda su "Casa" a quienes más la necesitan, es el mismo Emilio que protagoniza momentos memorables de la vida cultural y teatral de una ciudad provinciana bajo el franquismo. O el que cobija a luchadores antifranquistas, el que ayuda a organizar al Partido Comunista, el que es detenido por sus actividades clandestinas, el que apoya aventuras periodísticas como El Día o experiencias culturales como el Teatro de la Estación...
Tenemos la inmensa fortuna de que la memoria de ese tiempo y de esas personas no se marchitará. El excelente escritor Jorge Cortés Pellicer trató con una textura literaria sus recuerdos y vivencias, regalándonos su inclasificable e imprescindible libro El Brumario de Emilio (Mira Editores, 2009).
Tenemos la fortuna de poder seguir acudiendo a "Casa Emilio", aunque él ya esté jubilado, para disfrutar de mesa y mantel; de continuar escuchando de su viva voz los testimonios de varias décadas de la historia de nuestra ciudad, de Aragón y de España; de reconstruir las luchas -muchas veces anónimas- de quienes plantaron cara a la dictadura; de rememorar las alegrías -pocas- y las decepciones -las más- de la izquierda transformadora (el PCE, IU),... O simplemente dejarnos llevar por la lectura de las páginas de ese otoñal Brumario que hoy quiero evocar desde un ya agostado Fructidor:
Ojos vivos de observación tan calma como penetrante, cabeza de poderío, mentón de terco, fortaleza en el rostro: tras sus gafas de montura ligera repasa albaranes, dando la espalda al armario, una alacena donde se acumulan licores, cuadernos desgastados, horas de reservas, menús...
miércoles, 17 de octubre de 2012
La Estación se pone guapa
Anoche pudimos acompañar a Cristina Yáñez y todos sus colaboradores y colaboradoras, en la puesta de largo del renovado Teatro de la Estación. Desde la fachada, con el hermoso mural de Jorge Gay, hasta los nuevos espacios para la enseñanza, mucho se ha invertido y mejorado en estos tiempos tan difíciles, siempre con la obsesión de enganchar al público con la magia del teatro.
Aquí os acompaño la crónica que del suceso ha escrito Soledad Campo, para Heraldo de Aragón:
El Teatro de la Estación de Zaragoza inaugura la nueva temporada con una imagen renovada, se han invertido 120.000 euros en reformar la fachada y ampliar las instalaciones, y dos novedades en su programación: el ciclo de música Vagón de lujo que arranca este miércoles con el concierto de la catalana Maria Coma con su nuevo disco 'Magnòlia' y la incorporación de la danza a las enseñanzas artísticas del centro.
La sala, que abrió sus puertas hace 16 años impulsada por la compañía Tranvía Teatro en un antiguo muelle de carga y descarga de camiones de la calle Domingo Figueras Jariod, se ha vestido de gala para abrir la campaña otoñal. “Queremos que la sala y la actividad cultural tengan más visibilidad en la calle, se abran todavía más al público”, explica Cristina Yáñez, directora del Teatro de la Estación. Para ello, el anterior almacén de las escenografías se ha convertido en un espacio polivalente acristalado, en el que se impartirán clases y se podrán representar espectáculos de pequeño formato y 'performance'.
El arte tiene una firma de lujo en la fachada exterior: el mural pintado por el artista Jorge Gay de 6,40 por 2,60 metros. Se titula 'Camino de nubes' y en él el autor echa mano de su iconografía habitual en los últimos tiempos, personajes pescando y ofreciendo sus capturas, para simbolizar lo que para él significa este lugar de creación: “Este es un sitio de búsqueda, de trabajo y de constancia con unos resultados que luego se pueden ofrecer artísticamente a los demás”.
El remodelado recinto se llenará de actividad a partir del miércoles con las canciones de la jovencísima Maria Coma a partir de las 20.30. Ella es la encargada de abrir el nuevo ciclo musical Vagón de lujo, una iniciativa que “pretende ser un billete hacia una experiencia única, con artistas especiales, con una amplificación mínima y casi en acústico”, según el programador Fernando Cuadrado. Hasta fin de año se sucederán un total de seis conciertos y la programación continuará hasta junio. Por el escenario pasarán Gareth Dickson, Library Tapes y Chelis Ambipur Set el 31 de octubre; Miriam Swanson y Jordi Mena el 7 de noviembre; María Rodés el 28 de noviembre; Eric Chenaux el 12 de diciembre y The Chinese Birdwatchers el 19 de diciembre.
Este próximo fin de semana también llega con fuerzas renovadas el Festival Internacional Estación de Teatro, “uno de nuestros ciclos más heterogéneos, en el que vamos a ver tanto espectáculos de nuevo creación a adaptaciones de textos clásicos de repertorio como Valle Inclán”, subraya Cristina Yáñez. El cartel ofrece hasta fin de año un total de seis espectáculos de danza y siete de teatro, además de dos representaciones en centros cívicos de la capital aragonesa: 'La llegada de los bárbaros' en el Río Ebro y 'El árbol de la ciencia' en Teodoro Sánchez Punter.
Para abrir boca, un montaje de danza con la compañía de Belén Maya titulado 'Habitaciones', se podrá ver el 20 y 21 de octubre. Tras su paso por la capital aragonesa Belén Maya recalará en el Teatro Real de Madrid. Para la primera representación teatral de esta temporada se ha elegido una propuesta muy original,'La cena' de Producciones del Mar, que estará en escena del 26 al 28 de octubre. Cinco personajes se sientan a una mesa, pero lo que tiene de particular es que previamente cada uno de ellos decidirá con parte del público el contenido de su papel, sus secretos escondidos y hasta los temas musicales.
Aquí os acompaño la crónica que del suceso ha escrito Soledad Campo, para Heraldo de Aragón:
El Teatro de la Estación de Zaragoza inaugura la nueva temporada con una imagen renovada, se han invertido 120.000 euros en reformar la fachada y ampliar las instalaciones, y dos novedades en su programación: el ciclo de música Vagón de lujo que arranca este miércoles con el concierto de la catalana Maria Coma con su nuevo disco 'Magnòlia' y la incorporación de la danza a las enseñanzas artísticas del centro.
La sala, que abrió sus puertas hace 16 años impulsada por la compañía Tranvía Teatro en un antiguo muelle de carga y descarga de camiones de la calle Domingo Figueras Jariod, se ha vestido de gala para abrir la campaña otoñal. “Queremos que la sala y la actividad cultural tengan más visibilidad en la calle, se abran todavía más al público”, explica Cristina Yáñez, directora del Teatro de la Estación. Para ello, el anterior almacén de las escenografías se ha convertido en un espacio polivalente acristalado, en el que se impartirán clases y se podrán representar espectáculos de pequeño formato y 'performance'.
El arte tiene una firma de lujo en la fachada exterior: el mural pintado por el artista Jorge Gay de 6,40 por 2,60 metros. Se titula 'Camino de nubes' y en él el autor echa mano de su iconografía habitual en los últimos tiempos, personajes pescando y ofreciendo sus capturas, para simbolizar lo que para él significa este lugar de creación: “Este es un sitio de búsqueda, de trabajo y de constancia con unos resultados que luego se pueden ofrecer artísticamente a los demás”.
El remodelado recinto se llenará de actividad a partir del miércoles con las canciones de la jovencísima Maria Coma a partir de las 20.30. Ella es la encargada de abrir el nuevo ciclo musical Vagón de lujo, una iniciativa que “pretende ser un billete hacia una experiencia única, con artistas especiales, con una amplificación mínima y casi en acústico”, según el programador Fernando Cuadrado. Hasta fin de año se sucederán un total de seis conciertos y la programación continuará hasta junio. Por el escenario pasarán Gareth Dickson, Library Tapes y Chelis Ambipur Set el 31 de octubre; Miriam Swanson y Jordi Mena el 7 de noviembre; María Rodés el 28 de noviembre; Eric Chenaux el 12 de diciembre y The Chinese Birdwatchers el 19 de diciembre.
Este próximo fin de semana también llega con fuerzas renovadas el Festival Internacional Estación de Teatro, “uno de nuestros ciclos más heterogéneos, en el que vamos a ver tanto espectáculos de nuevo creación a adaptaciones de textos clásicos de repertorio como Valle Inclán”, subraya Cristina Yáñez. El cartel ofrece hasta fin de año un total de seis espectáculos de danza y siete de teatro, además de dos representaciones en centros cívicos de la capital aragonesa: 'La llegada de los bárbaros' en el Río Ebro y 'El árbol de la ciencia' en Teodoro Sánchez Punter.
Para abrir boca, un montaje de danza con la compañía de Belén Maya titulado 'Habitaciones', se podrá ver el 20 y 21 de octubre. Tras su paso por la capital aragonesa Belén Maya recalará en el Teatro Real de Madrid. Para la primera representación teatral de esta temporada se ha elegido una propuesta muy original,'La cena' de Producciones del Mar, que estará en escena del 26 al 28 de octubre. Cinco personajes se sientan a una mesa, pero lo que tiene de particular es que previamente cada uno de ellos decidirá con parte del público el contenido de su papel, sus secretos escondidos y hasta los temas musicales.
lunes, 8 de octubre de 2012
Contra viento, IVA y marea
Aquí tenéis el emotivo discurso de agradecimiento de nuestra reciente Hija Predilecta de Zaragoza, Cristina Yáñez, en el que se defiende la cultura como proceso de creación colectiva y comprometida con la sociedad de su tiempo. ¡Enhorabuena a la premiada!
Gracias. Para empezar. Siempre hay que empezar diciendo gracias a un reconocimiento como este, que es, además, el primero que recibe alguien del teatro. Muchas gracias de verdad.
Alcalde, concejales y concejalas, señoras y señores:
Sé que Zaragoza quiere un teatro vivo, una cultura activa, una escena rica, una calle sabia. Una ciudad o un país son algo más que sus edificios y sus paisajes. Son también sus músicos, sus escritores, sus artistas, sus teatros, su atmósfera cultural. Su memoria. Lo que fuimos, lo que somos y lo que queremos ser… Quienes hacemos cultura sobre un escenario somos muchas veces el reflejo de los anhelos de una sociedad, sus historiadores de guardia, sus analistas inmediatos y sus sociólogos de urgencia. Si todo esto se olvida, se ignora o se descuida, tan solo seremos un punto en el mapa, no seremos ni país ni una ciudad, porque entonces estamos habitando un alma rota. La cultura sirve para lo más importante del mundo junto a comer: sirve para ser más solidarios, más tolerantes, más sabios, más felices y, sobre todo, más libres.
Decía el poeta José Martí, que aprendió a amar a ZGZ desde su piso alquilado en la actual plaza del Justicia y que estudió letras en su Universidad ubicada entonces en la actual Madalena, mi barrio, que hay que tener las raíces en el suelo y las alas por todo el cielo. Yo sueño un teatro en mis raíces que volara por todo el firmamento. Desde ZGZ, desde mi ciudad, para todo el mundo, con la raíz en la tierra y los ojos en el futuro. Creo que desde pequeña supe que quería ser actriz. Me recuerdo a mí misma recitando, bailando, escribiendo, componiendo personajes… que luego interpretaba en clase o ante mi familia. Más adelante supe que lo que quería era hacer teatro, no solo ser actriz, sino “hacer teatro”: dirigir, producir, enseñar, promover.
Y pude hacerlo gracias al esfuerzo y al trabajo que realizaron en los años 60 aguerridos y solitarios amantes del teatro que abrieron camino para las generaciones posteriores y que lograron que se abriera una escuela de arte dramático en esta ciudad. Gracias a esa escuela, unos años más tarde, algunos soñadores recién titulados creamos una compañía que se llama Tranvía Teatro y con la que, 25 años después, hemos logrado que nos vieran más de un millón de personas en España y fuera de España. Pronto supimos que ese Tranvía necesitaba una estación. Y la construimos en el corazón de una histórica empresa de Zaragoza situada en el corazón de la ciudad: Transportes Lacasta.
A esa estación bombeamos todo el esfuerzo y mucho más del que fuimos capaces: esfuerzo e ilusión. Y luego, esfuerzo e ilusión. Y después aún más esfuerzo y aún más ilusión. Experimentamos que mercado no tiene nada que ver con cultura para todos y que valor no es igual a precio aunque, a veces, el precio resulte casi impagable. Y que los sueños deben lucharse para ser hechos realidad. 18 años después, seguimos ofreciendo a Zaragoza el Teatro de la Estación. Un teatro independiente y contemporáneo, de reconocimiento español y europeo, pensado para la ciudad y sus barrios, para los ciudadanos y ciudadanas de ZGZ. Porque lo más importante de un teatro no es el escenario y quienes nos subimos a él, sino quien comparte con nosotros esos instantes únicos que reflexionan sobre el mundo, sobre la sociedad, sobre el ser humano.
En ese proceso de más de dos décadas tengo que agradecer a algunos de mis maestros que me han inculcado el amor por el teatro y su compromiso con la sociedad con la que habita. Gracias Juan Antonio Hormigón por tu apoyo incondicional; Gracias al Teatro de la Ribera por darme mi primera oportunidad; Gracias Mariano por tu cariño y tu enseñanza. Gracias también a los que me habéis acompañado en este camino: Rafa, Carmen, Samuel, Javier, Emilio, Fernando… y tantos otros que espero que sigáis acompañándome.
Quiero repetir la palabra gracias. Y las palabras esfuerzo e ilusión de las que no sólo no tenemos menos que hace 18 años, sino más. Mucho más. Y que aumentan cuando salimos a saludar cada mañana ante 120 estudiantes y miembros de entidades ciudadanas a la hora en que otros almuerzan, y cuando por la noche abrimos la taquilla a ver qué pasa, y cuando invitamos a compañías ejemplares a actuar en ZGZ, y cuando fuera nos dicen que en ZGZ está uno de los más prestigiosos teatros independientes de España, y cuando cada octubre justo antes del Pilar, justo hace 6 días, comenzamos nuestras clases para más de 300 personas que mantendrán vivo el teatro.
Gracias a mis padres y a mi hermano por apoyarme cuando decidí ser actriz. Gracias a quienes veis teatro y a quienes no pero acabareis viéndolo. Y gracias a quien hoy nos premia que es Zaragoza. Digo nos, porque el teatro es la actividad más colectiva del mundo. Y porque me gustaría pensar que este es un reconocimiento a todos los trabajadores y trabajadoras del escenario en ZGZ. Contra viento, IVA y marea.
Los actores somos enérgicos, apasionados, voluntariosos, casi siempre incansables y siempre resistentes. La cultura tiene un corazón inmortal pero necesita que le bombeen amor y recursos para ser útil a todos. Los artistas podemos ser aplaudidos, abucheados u obviados. Pero nadie debe atacar el derecho al acceso universal a la cultura. Zaragoza siempre ha estado al lado de los avances de la historia. No nos hemos perdido ni una. Y muchos zaragozanos queremos que siga siendo así. Adelante, siempre adelante. ¿Vieron alguna vez algún río que variara el sentido de su corriente? No, tiene que llegar al mar.
Gracias, alcalde, concejales y concejalas. Gracias zaragozanos y zaragozanas. Gracias.
Cristina Yáñez. Directora del Teatro de la Estación y Tranvía Teatro. 6 de Octubre de 2012.
Gracias. Para empezar. Siempre hay que empezar diciendo gracias a un reconocimiento como este, que es, además, el primero que recibe alguien del teatro. Muchas gracias de verdad.
Alcalde, concejales y concejalas, señoras y señores:
Sé que Zaragoza quiere un teatro vivo, una cultura activa, una escena rica, una calle sabia. Una ciudad o un país son algo más que sus edificios y sus paisajes. Son también sus músicos, sus escritores, sus artistas, sus teatros, su atmósfera cultural. Su memoria. Lo que fuimos, lo que somos y lo que queremos ser… Quienes hacemos cultura sobre un escenario somos muchas veces el reflejo de los anhelos de una sociedad, sus historiadores de guardia, sus analistas inmediatos y sus sociólogos de urgencia. Si todo esto se olvida, se ignora o se descuida, tan solo seremos un punto en el mapa, no seremos ni país ni una ciudad, porque entonces estamos habitando un alma rota. La cultura sirve para lo más importante del mundo junto a comer: sirve para ser más solidarios, más tolerantes, más sabios, más felices y, sobre todo, más libres.
Decía el poeta José Martí, que aprendió a amar a ZGZ desde su piso alquilado en la actual plaza del Justicia y que estudió letras en su Universidad ubicada entonces en la actual Madalena, mi barrio, que hay que tener las raíces en el suelo y las alas por todo el cielo. Yo sueño un teatro en mis raíces que volara por todo el firmamento. Desde ZGZ, desde mi ciudad, para todo el mundo, con la raíz en la tierra y los ojos en el futuro. Creo que desde pequeña supe que quería ser actriz. Me recuerdo a mí misma recitando, bailando, escribiendo, componiendo personajes… que luego interpretaba en clase o ante mi familia. Más adelante supe que lo que quería era hacer teatro, no solo ser actriz, sino “hacer teatro”: dirigir, producir, enseñar, promover.
Y pude hacerlo gracias al esfuerzo y al trabajo que realizaron en los años 60 aguerridos y solitarios amantes del teatro que abrieron camino para las generaciones posteriores y que lograron que se abriera una escuela de arte dramático en esta ciudad. Gracias a esa escuela, unos años más tarde, algunos soñadores recién titulados creamos una compañía que se llama Tranvía Teatro y con la que, 25 años después, hemos logrado que nos vieran más de un millón de personas en España y fuera de España. Pronto supimos que ese Tranvía necesitaba una estación. Y la construimos en el corazón de una histórica empresa de Zaragoza situada en el corazón de la ciudad: Transportes Lacasta.
A esa estación bombeamos todo el esfuerzo y mucho más del que fuimos capaces: esfuerzo e ilusión. Y luego, esfuerzo e ilusión. Y después aún más esfuerzo y aún más ilusión. Experimentamos que mercado no tiene nada que ver con cultura para todos y que valor no es igual a precio aunque, a veces, el precio resulte casi impagable. Y que los sueños deben lucharse para ser hechos realidad. 18 años después, seguimos ofreciendo a Zaragoza el Teatro de la Estación. Un teatro independiente y contemporáneo, de reconocimiento español y europeo, pensado para la ciudad y sus barrios, para los ciudadanos y ciudadanas de ZGZ. Porque lo más importante de un teatro no es el escenario y quienes nos subimos a él, sino quien comparte con nosotros esos instantes únicos que reflexionan sobre el mundo, sobre la sociedad, sobre el ser humano.
En ese proceso de más de dos décadas tengo que agradecer a algunos de mis maestros que me han inculcado el amor por el teatro y su compromiso con la sociedad con la que habita. Gracias Juan Antonio Hormigón por tu apoyo incondicional; Gracias al Teatro de la Ribera por darme mi primera oportunidad; Gracias Mariano por tu cariño y tu enseñanza. Gracias también a los que me habéis acompañado en este camino: Rafa, Carmen, Samuel, Javier, Emilio, Fernando… y tantos otros que espero que sigáis acompañándome.
Quiero repetir la palabra gracias. Y las palabras esfuerzo e ilusión de las que no sólo no tenemos menos que hace 18 años, sino más. Mucho más. Y que aumentan cuando salimos a saludar cada mañana ante 120 estudiantes y miembros de entidades ciudadanas a la hora en que otros almuerzan, y cuando por la noche abrimos la taquilla a ver qué pasa, y cuando invitamos a compañías ejemplares a actuar en ZGZ, y cuando fuera nos dicen que en ZGZ está uno de los más prestigiosos teatros independientes de España, y cuando cada octubre justo antes del Pilar, justo hace 6 días, comenzamos nuestras clases para más de 300 personas que mantendrán vivo el teatro.
Gracias a mis padres y a mi hermano por apoyarme cuando decidí ser actriz. Gracias a quienes veis teatro y a quienes no pero acabareis viéndolo. Y gracias a quien hoy nos premia que es Zaragoza. Digo nos, porque el teatro es la actividad más colectiva del mundo. Y porque me gustaría pensar que este es un reconocimiento a todos los trabajadores y trabajadoras del escenario en ZGZ. Contra viento, IVA y marea.
Los actores somos enérgicos, apasionados, voluntariosos, casi siempre incansables y siempre resistentes. La cultura tiene un corazón inmortal pero necesita que le bombeen amor y recursos para ser útil a todos. Los artistas podemos ser aplaudidos, abucheados u obviados. Pero nadie debe atacar el derecho al acceso universal a la cultura. Zaragoza siempre ha estado al lado de los avances de la historia. No nos hemos perdido ni una. Y muchos zaragozanos queremos que siga siendo así. Adelante, siempre adelante. ¿Vieron alguna vez algún río que variara el sentido de su corriente? No, tiene que llegar al mar.
Gracias, alcalde, concejales y concejalas. Gracias zaragozanos y zaragozanas. Gracias.
Cristina Yáñez. Directora del Teatro de la Estación y Tranvía Teatro. 6 de Octubre de 2012.
martes, 25 de septiembre de 2012
El tesoro era la isla
Tener un hijo de cinco años es la perfecta excusa para acercarnos a esos espectáculos concebidos, aparentemente, para la infancia, pero que tienen la virtud de despertar ese niño dormido que todos llevamos dentro. Eso sucedió el pasado domingo cuando pude presenciar la versión teatral de un clásico adorado por todas la generaciones como es La isla del tesoro, inspirada en el texto de Robert Louis Stevenson. El escenario, el Teatro Arbolé de Zaragoza; la compañía, Cándido Producciones Teatrales. El resultado: sobresaliente.
La versión de Gianni Fraceschini posee, como dicen las notas del programa, "una dramaturgia limpia y sencilla", y además contamos con la poderosa presencia escénica de un único actor, Cándido de Castro, que se luce en un texto que pareciera concebido especialmente para él.
Pero por encima de todo tenemos la historia, el relato tantas veces leído o escuchado, sin que haya sufrido el menor desgaste. ¿Por qué surge siempre la magia? En mi opinión, debido a que es una de las primeras veces en que, siendo niños, se nos trata con respeto intelectual y se nos ofrece una versión del mundo que va más allá del socorrido maniqueísmo de buenos y malos que preside la mayoría de los productos de consumo cultural infantil.
La clave de la magia está en dos puntos: en la clara mirada de un niño, Jim Hawkins, para el que todo el mundo es una nueva aventura y, sobre todo, en la aparición de un personaje tan seductor como Long John Silver, un pirata "patapalo" que puede actuar con suprema crueldad, pero al tiempo dejarse enternecer por Jim, al que llega a prohijar en algún momento de la historia.
La versión teatral nos muestra que el auténtico tesoro del pirata no era el oro, sino la aventura de la vida: surcar los mares, arribar a islas desconocidas, cruzar las vidas con seres desconocidos... Un hilo poético, no exento de los oportunos contrastes del más crudo realismo, que en definitiva refleja lo que es la vida del hombre, ora rozando con los dedos la felicidad y la plenitud, ora siendo arrastrado a su particular infierno por fuerzas demiúrgicas e incontrolables.
Amigos, amigas, el barco de La isla del tesoro ya ha abandonado las costas de Zaragoza, pero seguro que su singladura le lleva a otros puertos de nuestro país. !No olvidéis visitarlo con vuestros hijos e hijas, porque la magia irrepetible del momento teatral sin duda volverá a producirse!
La versión de Gianni Fraceschini posee, como dicen las notas del programa, "una dramaturgia limpia y sencilla", y además contamos con la poderosa presencia escénica de un único actor, Cándido de Castro, que se luce en un texto que pareciera concebido especialmente para él.
Pero por encima de todo tenemos la historia, el relato tantas veces leído o escuchado, sin que haya sufrido el menor desgaste. ¿Por qué surge siempre la magia? En mi opinión, debido a que es una de las primeras veces en que, siendo niños, se nos trata con respeto intelectual y se nos ofrece una versión del mundo que va más allá del socorrido maniqueísmo de buenos y malos que preside la mayoría de los productos de consumo cultural infantil.
La clave de la magia está en dos puntos: en la clara mirada de un niño, Jim Hawkins, para el que todo el mundo es una nueva aventura y, sobre todo, en la aparición de un personaje tan seductor como Long John Silver, un pirata "patapalo" que puede actuar con suprema crueldad, pero al tiempo dejarse enternecer por Jim, al que llega a prohijar en algún momento de la historia.
La versión teatral nos muestra que el auténtico tesoro del pirata no era el oro, sino la aventura de la vida: surcar los mares, arribar a islas desconocidas, cruzar las vidas con seres desconocidos... Un hilo poético, no exento de los oportunos contrastes del más crudo realismo, que en definitiva refleja lo que es la vida del hombre, ora rozando con los dedos la felicidad y la plenitud, ora siendo arrastrado a su particular infierno por fuerzas demiúrgicas e incontrolables.
Amigos, amigas, el barco de La isla del tesoro ya ha abandonado las costas de Zaragoza, pero seguro que su singladura le lleva a otros puertos de nuestro país. !No olvidéis visitarlo con vuestros hijos e hijas, porque la magia irrepetible del momento teatral sin duda volverá a producirse!
lunes, 17 de septiembre de 2012
Cristina Yáñez, una predilección
Si el año pasado celebrábamos el nombramiento de Emilio Lacambra como hijo predilecto de Zaragoza, hoy nos llevamos una alegría igual de grande con la concesión de ese galardón a Cristina Yáñez, actriz y directora del Teatro de la Estación. Su concesión por parte del Ayuntamiento de Zaragoza, a propuesta de IU, hace justicia a su infatigable trayectoria como dramaturga al servicio de la cultura con mayúsculas, esa que ayuda a pensar y estimula nuestro sentido crítico.
Inolvidables son para mí las puestas en escena de esas divertidas comedias de Rafa Campos, que tenían un regusto amargo y no sabíamos al final si llorar o reír. En mi memoria, Cristina Yáñez será siempre la inolvidable protagonista de "¡Ay, Carmela!", de Sanchís Sinisterra, luciendo ese garbo y la fuerza que exigía el papel.
A pesar de su juventud, el currículum de Cristina Yáñez es simplemente impresionante: "Actriz, directora de escena y pedagoga teatral. Directora del Teatro de la Estación y de su compañía residente Tranvía Teatro de los que es cofundadora. Miembro de la Junta Directiva de la Asociación de Directores de Escena (ADE) y de la Red de Teatros Alternativos de España. Profesora de Dirección, Ajuste e Interpretación de Doblaje. Fue profesora de Interpretación de la Escuela de Teatro de Zaragoza. Graduada en esta escuela estudió además en Madrid, Paris y Grenoble y amplió estudios de interpretación, danza, dirección escénica y marketing de espectáculos con Emilia Baylo, Mercedes Gota, Guillermo Heras, Jaume Melendres, Sanchís Sinisterra, Helena Pimenta, Juan Antonio Hormigón, Lluis Masgrau, Becky Siegel o Merce Cunningham entre otros. Ha trabajado con casi todas las compañías aragonesas y con el Centro Dramático de Aragón, con La Fundición de Sevilla, el Teatro Español de Madrid o el Centro Dramático Nacional. Ha sido ayudante de dirección de Fernando Fernán Gómez. Sigue dirigiendo con su propia compañía y con otros autores clásicos y contemporáneos, actividad por la cual ha sido premiada en varias ocasiones. Ha trabajado en cine y en Tv. Está en los inicios de la enseñanza teatral en Zaragoza, fundó los talleres del Teatro de la Estación, hoy convertidos en escuela. Lleva 16 años dedicada a la pedagogía teatral."
Como dice una nota del propio Teatro de la Estación, "sus méritos son haber entregado a la ciudad su esfuerzo (y de muchos compañeros y compañeras) para tener un teatro independiente contemporáneo de reconocimiento español y europeo, con un proyecto social pensado para los habitantes de la ciudad y sus barrios y con un gran compromiso que se manifiesta en proyectos ciudadanos como su Plan pedagógico y el Ciclo A Escena!, el Programa de Iniciación al Teatro para estudiantes y entidades sociales que ha cumplido 16 años, la programación constante de autores nuevos, teatro independiente y propuestas innovadoras, y su vinculación a la ciudad que lo acoge".
Añade la nota que "el premio llega en el 25 aniversario de su compañía residente, Tranvía Teatro, también dirigida por Cristina Yáñez y el aniversario nº 17 del Teatro de las Estación, a punto de abrir el teatro ampliado y reformado y en plena crisis del IVA que tanto daño hace a la cultura y a sus usuarios y profesionales".
Lo que es seguro es que Cristina y todos sus colaboradores y colaboradoras desearán celebrar este premio con más teatro, para lo que es imprescindible que quienes nos situamos enfrente del escenario sigamos siendo cómplices de sus esfuerzos para aprisionar fragmentos de vida y servirlos en las copas doradas de sus comedias y dramas.
Inolvidables son para mí las puestas en escena de esas divertidas comedias de Rafa Campos, que tenían un regusto amargo y no sabíamos al final si llorar o reír. En mi memoria, Cristina Yáñez será siempre la inolvidable protagonista de "¡Ay, Carmela!", de Sanchís Sinisterra, luciendo ese garbo y la fuerza que exigía el papel.
A pesar de su juventud, el currículum de Cristina Yáñez es simplemente impresionante: "Actriz, directora de escena y pedagoga teatral. Directora del Teatro de la Estación y de su compañía residente Tranvía Teatro de los que es cofundadora. Miembro de la Junta Directiva de la Asociación de Directores de Escena (ADE) y de la Red de Teatros Alternativos de España. Profesora de Dirección, Ajuste e Interpretación de Doblaje. Fue profesora de Interpretación de la Escuela de Teatro de Zaragoza. Graduada en esta escuela estudió además en Madrid, Paris y Grenoble y amplió estudios de interpretación, danza, dirección escénica y marketing de espectáculos con Emilia Baylo, Mercedes Gota, Guillermo Heras, Jaume Melendres, Sanchís Sinisterra, Helena Pimenta, Juan Antonio Hormigón, Lluis Masgrau, Becky Siegel o Merce Cunningham entre otros. Ha trabajado con casi todas las compañías aragonesas y con el Centro Dramático de Aragón, con La Fundición de Sevilla, el Teatro Español de Madrid o el Centro Dramático Nacional. Ha sido ayudante de dirección de Fernando Fernán Gómez. Sigue dirigiendo con su propia compañía y con otros autores clásicos y contemporáneos, actividad por la cual ha sido premiada en varias ocasiones. Ha trabajado en cine y en Tv. Está en los inicios de la enseñanza teatral en Zaragoza, fundó los talleres del Teatro de la Estación, hoy convertidos en escuela. Lleva 16 años dedicada a la pedagogía teatral."
Como dice una nota del propio Teatro de la Estación, "sus méritos son haber entregado a la ciudad su esfuerzo (y de muchos compañeros y compañeras) para tener un teatro independiente contemporáneo de reconocimiento español y europeo, con un proyecto social pensado para los habitantes de la ciudad y sus barrios y con un gran compromiso que se manifiesta en proyectos ciudadanos como su Plan pedagógico y el Ciclo A Escena!, el Programa de Iniciación al Teatro para estudiantes y entidades sociales que ha cumplido 16 años, la programación constante de autores nuevos, teatro independiente y propuestas innovadoras, y su vinculación a la ciudad que lo acoge".
Añade la nota que "el premio llega en el 25 aniversario de su compañía residente, Tranvía Teatro, también dirigida por Cristina Yáñez y el aniversario nº 17 del Teatro de las Estación, a punto de abrir el teatro ampliado y reformado y en plena crisis del IVA que tanto daño hace a la cultura y a sus usuarios y profesionales".
Lo que es seguro es que Cristina y todos sus colaboradores y colaboradoras desearán celebrar este premio con más teatro, para lo que es imprescindible que quienes nos situamos enfrente del escenario sigamos siendo cómplices de sus esfuerzos para aprisionar fragmentos de vida y servirlos en las copas doradas de sus comedias y dramas.
viernes, 25 de mayo de 2012
Arbolé, un teatro al servicio de la infancia (y más...)
Teatro Arbolé presenta una dilatada e impecable hoja de servicios en pro de la cultura con mayúsculas, en especial la dirigida a los más pequeños de la casa. Si en 1979 surgía como una compañía de títeres, desde 1990 contaba con una sala propia con programación estable desde la que proyectar sus propios espectáculos y abrir puertas a otras compañías. Más adelante, en 2008, se producía el traslado a su nueva y magnífica sede en el Parque del Agua de Zaragoza.
Si algo caracteriza las producciones teatrales de Arbolé es la consideración de que los niños y niñas son menores, pero no estúpidos, lo que lleva a la compañía a proponer funciones adaptadas a su lenguaje y edad, sin descuidar sus contenidos y los valores que pretenden transmitir.
Todos hemos conocido las edulcoradas versiones de cuentos infantiles tradicionales. Sin embargo, en su adaptación "¿Caperucita Roja?", el lobo deja de ser feroz, para reflejar el rostro de todos los perseguidos, y el cazador se convierte en ese ser desalmado que disfruta exhibiendo la potencia de fuego de sus armas.
La ventana de programación que Arbolé proporciona es aprovechada por compañías de variadas procedencias que, de otra manera, no tendrían ocasión de acercarse a nuestras tierras con sus propuestas. Debemos agradecer, pues, el esforzado trabajo de gentes como Esteban Villarrocha, Iñaqui Juárez o Pablo Girón que todos los días pelean para seguir ofreciendo una programación teatral y musical de primer nivel en el deprimido paisaje cultural de nuestros días.
Si algo caracteriza las producciones teatrales de Arbolé es la consideración de que los niños y niñas son menores, pero no estúpidos, lo que lleva a la compañía a proponer funciones adaptadas a su lenguaje y edad, sin descuidar sus contenidos y los valores que pretenden transmitir.
Todos hemos conocido las edulcoradas versiones de cuentos infantiles tradicionales. Sin embargo, en su adaptación "¿Caperucita Roja?", el lobo deja de ser feroz, para reflejar el rostro de todos los perseguidos, y el cazador se convierte en ese ser desalmado que disfruta exhibiendo la potencia de fuego de sus armas.
La ventana de programación que Arbolé proporciona es aprovechada por compañías de variadas procedencias que, de otra manera, no tendrían ocasión de acercarse a nuestras tierras con sus propuestas. Debemos agradecer, pues, el esforzado trabajo de gentes como Esteban Villarrocha, Iñaqui Juárez o Pablo Girón que todos los días pelean para seguir ofreciendo una programación teatral y musical de primer nivel en el deprimido paisaje cultural de nuestros días.
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